[Esta parábola es estremecedora por la
exactitud con que se presenta, con anticipación, en qué acabará el Hijo del
Dueño de la viña. Bien entendieron los oyentes quién era la viña, quienes eran
los labradores, quién era el Hijo, y finalmente quién era el Padre.
Comprendieron, tan bien como nosotros, que la viña era Israel, que los
labradores eran los sacerdotes del Templo, escribas y fariseos, que el Hijo era
el mismo que les estaba hablando, el Mesías, Jesús, el Hijo de Dios, y, por
último, con meridiana clarividencia, estos “insignes hombrecillos”,
descubrieron, palmariamente, que el Padre de este Hombre era, precisamente, el
Dios de los judíos. Leamos pausadamente]:
TEXTO
CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Y comencé a decir al pueblo esta parábola:
—“Escuchad
otra parábola. Un hombre había, amo de casa, que plantó una viña, y la cercó
con un vallado, y cavó en ella un lagar y edificó una torre y la arrendó a unos
labradores y se ausentó de aquel país para mucho tiempo. Cuando se acercó el
tiempo de los frutos envió a los labradores un siervo, para que le diesen del
fruto de la viña. Mas los labradores le cogieron y, después de maltratarle a
golpes, le despidieron con las manos vacías. Y tornó a enviar otro siervo; más
ellos también a éste, después de maltratarle a golpes, descalabrarlo y
ultrajarlo, le despidieron con las manos vacías.
Y
tornó a enviar otro tercero; mas ellos también a éste, después de herirle, le
echaron y le mataron. De nuevo envió otros siervos, más numerosos que los
anteriores. Y asiendo los labradores a sus siervos, a cuál golpearon, a cuál
mataron, a cuál apedrearon. Todavía uno tenía el amo de la viña: su hijo
querido; envióle el último a ellos, diciendo:
“¿Qué voy a hacer? Enviaré
a mi hijo querido, tal vez a este respetarán”.
Mas aquellos labradores, en viendo al hijo, se
dijeron entre sí y razonaban unos con otros diciendo:
“Este es el heredero; venid
matémosle, para que venga a nuestras manos la herencia”.
Y
asiendo de él echándole fuera de la viña, le mataron. Cuando venga, pues, el
dueño de la viña ¿qué hará con aquellos labradores?”
Dijéronme algunos:
—“A los malos los hará perecer malamente, y
arrendará la viña a otros labradores, que le pagarán los frutos a su tiempo”.
Otros, oído esto dijeron:
—“¡No quiera Dios!”
Mas Yo, mirándolos fijamente, dije:
—“¿Qué significa, pues,
esto que está en las Escrituras?:
“La piedra que reprobaron
los constructores, esta vino a ser la piedra angular. Por obra del Señor se
hizo esto, ¿y es maravillosa a vuestros ojos?”
Por esto os digo os será
quitado el Reino de Dios y se dará a gente que produzca sus frutos. Y todo el
que cayere sobre esta piedra, se hará trizas; y sobre quien cayere le
triturará”.
Y cuando oyeron los sumos
sacerdotes y los escribas y los fariseos éstas mis palabras, comprendieron que
las decía por ellos. Y buscaban manera de apoderarse de mí en aquella misma
hora, pero temieron al pueblo que me tenía por Profeta. Y dejándome se fueron.
COMENTARIO
También este es otro apartado en el que los
sinópticos casi emplean las mismas palabras. Jesús les hablaba como si tuviera
delante de sí la película de su inmediato futuro. Tiene un sobrenatural
conocimiento de los hechos antes de que estos se produzcan. Evidentemente, por
lo que hasta ahora llevamos leído, este Hombre no es de este mundo. Demuestra
tener unas facultades sobrenaturales que se salen de la lógica y el ejercicio
del existir terreno tal y como lo llevamos a cabo los seres humanos.
Las extraordinarias cualidades, como jamás se
han dado en otro hombre, que se nos han evidenciado en este Jesús de Nazaret,
que hasta aquí hemos conocido, han sido más que suficientes para despertar en
el alma, de quien está leyendo, el deseo de, por lo menos, querer querer a este
singular Judío que nos ha cautivado el corazón. Pero si solo nos quedamos aquí,
no hemos cruzado la frontera de los sentimientos, todavía no conocemos al Hijo
de Dios. Pero esto no es un inconveniente, al contrario, hemos recorrido una
buena parte del camino.
Si ahora, en este estado de afecto al
Protagonista de este Bello Libro, descubrimos, además, el poder sobrehumano con
el que este Hombre ha suspendido las Leyes de la Naturaleza, entonces la razón
te obliga a dar otro paso, el de adoración a este atractivo Ser Humano, como
nosotros menos en el pecado, que me ha demostrado, ostensiblemente, su
Naturaleza Divina y además me lo ha dicho de su propia boca: “El Padre y
Yo somos una misma cosa” (Jn 10,30).
Asumir lo que expresa el párrafo anterior,
supone creer que yo, que ahora escribo sobre este Hombre, estaba en su
pensamiento hace 2.000 años, supone comprender que Cristo me amó ya antes de
que este ingeniero viniera a ser en este mundo. Si esto cala en el yo que me define,
entenderé que me muevo y existo en este Jesús, que es mi Único Dios, el Ser
Fontal de Quien he recibido la existencia para siempre, el Autor de mi vida, de
esta vida mía, cuyo último destino es, precisamente, Él mismo.
Para terminar, me quedo con
la frase que solo expone san Lucas: “Mas Él, mirándolos fijamente,
dijo…”
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