TEMA 124 SOLO TEXTO

TEMA 124   Parábola de la viña. (Mt 21,33-46; Mc 12,1-12; Lc 20,9-19)
[Esta parábola es estremecedora por la exactitud con que se presenta, con anticipación, en qué acabará el Hijo del Dueño de la viña. Bien entendieron los oyentes quién era la viña, quienes eran los labradores, quién era el Hijo, y finalmente quién era el Padre. Comprendieron, tan bien como nosotros, que la viña era Israel, que los labradores eran los sacerdotes del Templo, escribas y fariseos, que el Hijo era el mismo que les estaba hablando, el Mesías, Jesús, el Hijo de Dios, y, por último, con meridiana clarividencia, estos “insignes hombrecillos”, descubrieron, palmariamente, que el Padre de este Hombre era, precisamente, el Dios de los judíos. Leamos pausadamente]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Y comencé a decir al pueblo esta parábola:
—“Escuchad otra parábola. Un hombre había, amo de casa, que plantó una viña, y la cercó con un vallado, y cavó en ella un lagar y edificó una torre y la arrendó a unos labradores y se ausentó de aquel país para mucho tiempo. Cuando se acercó el tiempo de los frutos envió a los labradores un siervo, para que le diesen del fruto de la viña. Mas los labradores le cogieron y, después de maltratarle a golpes, le despidieron con las manos vacías. Y tornó a enviar otro siervo; más ellos también a éste, después de maltratarle a golpes, descalabrarlo y ultrajarlo, le despidieron con las manos vacías.
Y tornó a enviar otro tercero; mas ellos también a éste, después de herirle, le echaron y le mataron. De nuevo envió otros siervos, más numerosos que los anteriores. Y asiendo los labradores a sus siervos, a cuál golpearon, a cuál mataron, a cuál apedrearon. Todavía uno tenía el amo de la viña: su hijo querido; envióle el último a ellos, diciendo:
“¿Qué voy a hacer? Enviaré a mi hijo querido, tal vez a este respetarán”.
 Mas aquellos labradores, en viendo al hijo, se dijeron entre sí y razonaban unos con otros diciendo:
“Este es el heredero; venid matémosle, para que venga a nuestras manos la herencia”.
Y asiendo de él echándole fuera de la viña, le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña ¿qué hará con aquellos labradores?”
Dijéronme algunos:
—“A los malos los hará perecer malamente, y arrendará la viña a otros labradores, que le pagarán los frutos a su tiempo”.
Otros, oído esto dijeron:
—“¡No quiera Dios!”
Mas Yo, mirándolos fijamente, dije:
—“¿Qué significa, pues, esto que está en las Escrituras?:
“La piedra que reprobaron los constructores, esta vino a ser la piedra angular. Por obra del Señor se hizo esto, ¿y es maravillosa a vuestros ojos?”
Por esto os digo os será quitado el Reino de Dios y se dará a gente que produzca sus frutos. Y todo el que cayere sobre esta piedra, se hará trizas; y sobre quien cayere le triturará”.
Y cuando oyeron los sumos sacerdotes y los escribas y los fariseos éstas mis palabras, comprendieron que las decía por ellos. Y buscaban manera de apoderarse de mí en aquella misma hora, pero temieron al pueblo que me tenía por Profeta. Y dejándome se fueron.
COMENTARIO
También este es otro apartado en el que los sinópticos casi emplean las mismas palabras. Jesús les hablaba como si tuviera delante de sí la película de su inmediato futuro. Tiene un sobrenatural conocimiento de los hechos antes de que estos se produzcan. Evidentemente, por lo que hasta ahora llevamos leído, este Hombre no es de este mundo. Demuestra tener unas facultades sobrenaturales que se salen de la lógica y el ejercicio del existir terreno tal y como lo llevamos a cabo los seres humanos.
Las extraordinarias cualidades, como jamás se han dado en otro hombre, que se nos han evidenciado en este Jesús de Nazaret, que hasta aquí hemos conocido, han sido más que suficientes para despertar en el alma, de quien está leyendo, el deseo de, por lo menos, querer querer a este singular Judío que nos ha cautivado el corazón. Pero si solo nos quedamos aquí, no hemos cruzado la frontera de los sentimientos, todavía no conocemos al Hijo de Dios. Pero esto no es un inconveniente, al contrario, hemos recorrido una buena parte del camino.
Si ahora, en este estado de afecto al Protagonista de este Bello Libro, descubrimos, además, el poder sobrehumano con el que este Hombre ha suspendido las Leyes de la Naturaleza, entonces la razón te obliga a dar otro paso, el de adoración a este atractivo Ser Humano, como nosotros menos en el pecado, que me ha demostrado, ostensiblemente, su Naturaleza Divina y además me lo ha dicho de su propia boca: “El Padre y Yo somos una misma cosa” (Jn 10,30).
Asumir lo que expresa el párrafo anterior, supone creer que yo, que ahora escribo sobre este Hombre, estaba en su pensamiento hace 2.000 años, supone comprender que Cristo me amó ya antes de que este ingeniero viniera a ser en este mundo. Si esto cala en el yo que me define, entenderé que me muevo y existo en este Jesús, que es mi Único Dios, el Ser Fontal de Quien he recibido la existencia para siempre, el Autor de mi vida, de esta vida mía, cuyo último destino es, precisamente, Él mismo.
Para terminar, me quedo con la frase que solo expone san Lucas: “Mas Él, mirándolos fijamente, dijo…”

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