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TEMA 28 SOLO TEXTO

SELLO Nº 3

AÑO SEGUNDO DE VIDA PÚBLICA

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TEMA 28
El paralítico de la piscina. (Jn 5,1-47)

SOLO TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO

Corría el año 781-782 de Roma y se celebraba la fiesta de los judíos y subí a Jerusalén. Había en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, un estanque, por sobrenombre en hebreo Bethesda, que tenía cinco pórticos. En éstos yacía gran muchedumbre de enfermos, ciegos, cojos, impedidos, que aguardaban la agitación del agua. Porque, de tiempo en tiempo, un ángel bajaba al estanque y removía el agua.

El primero, pues, que después de la agitación del agua entrase en ella, quedaba sano de cualquier enfermedad que le aquejase. Estaba allí un hombre que llevaba treinta y ocho años en su enfermedad y como le viese tendido en el suelo y conociese que llevaba ya mucho tiempo le dije:

—“¿Quieres ponerte sano?”

Me contestó:

—“Señor, no tengo un hombre que, cuando se remueva el agua, me eche en el estanque, y en tiempo que yo llego, otro baja antes que yo”.

Le dije:

—“Levántate, toma tu camilla y anda”.

Quedó sano al instante y tomando su camilla andaba. Era sábado aquel día y encontrándose con unos fariseos le dijeron:

—“Es sábado y no te es permitido llevar la camilla”.

Él les respondió:

—“El que me sanó me dijo: “Toma tu camilla y anda”.

Le preguntaron:

—“¿Quién es el hombre que te dijo: “Toma tu camilla y anda?”[1]

No pudo contestarles porque tras curarle me retiré sin ser notado, gracias a la muchedumbre de gente que había en aquel sitio. Pero después lo hallé en el Templo y le dije:

—“Mira, has sido curado; no peques ya más, no sea que te suceda algo peor”.

Se fue aquel hombre y manifestó a los fariseos que Yo le había sanado. Y esto fue causa de que me persiguieran, ¡porque tales cosas hacía en sábado! Encontrándome con ellos les dije:

—“Mi Padre sigue hasta el presente obrando, y Yo también obro”.

Por esto, pues, más aún pretendían matarme, porque no solo violaba el sábado, sino porque les dije que Dios Padre, Padre mío era, haciéndome igual a Él. Y continué diciéndoles:

—“En verdad, en verdad os digo, no puede el Hijo hacer nada de sí mismo si no lo viere hacer al Padre. Porque cuanto Aquel hace, esto igualmente hace también el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todo cuanto Él hace, y le mostrará mayores obras que estas, para que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre resucita a los muertos y los vivifica, así también el Hijo a los que quiere vivifica.

A la verdad, el Padre no juzga a nadie, sino que todo el juicio lo ha entregado al Hijo, a fin de que todos honren al Hijo, lo mismo que honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre, que le envió. En verdad, en verdad os digo, el que escucha mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no incurre en sentencia de condenación, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

En verdad en verdad os digo, que llega la hora, y es ésta, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en Sí mismo, así también dio al Hijo tener vida en Sí mismo; y le dio poder de ejercer juicio, por cuanto es el Hijo del hombre.

No os maravilléis de esto, pues llega la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán los que hubieren obrado el bien para resurrección de vida; los que hubieren obrado el mal, para resurrección de condenación. No puedo Yo hacer por mí mismo nada; según lo que oigo doy sentencia, y mi sentencia es justa, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Si soy Yo quien da testimonio de mí, mi testimonio no es verídico; Otro es el que da testimonio de mí, y sé que es verídico el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis una delegación a Juan, y él dio testimonio a favor de la verdad; no que sea un hombre de quien Yo recibo testimonio, mas digo esto para que vosotros seáis salvos. Él era la antorcha que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis por un instante regocijaros en su luz.

El testimonio que Yo tengo, mayor es que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio llevar a cabo, estas mismas obras que hago, testifican acerca de mí que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me envió, Él ha dado testimonio acerca de mí. Ni su voz habéis oído jamás ni visto su aspecto, y su palabra no la tenéis permanente en vosotros, porque a quien Él envió, a este vosotros no creéis.

Escudriñad las Escrituras, ya que creéis vosotros poseer en ellas la vida eterna; ahora, bien, ellas son las que dan testimonio de mí. ¡Y no queréis venir a mí para tener vida! Gloria de los hombres no la recibo; pero os conozco, y sé que no tenéis en vosotros el amor de Dios. Yo he venido en Nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a él recibiréis.

¿Cómo podéis vosotros creer, recibiendo como recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria del único Dios? No penséis que os voy a acusar delante de mi Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros tenéis puesta la confianza. Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, ya que de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?”.

COMENTARIO DEL INGENIERO

San Juan nos sitúa en el comienzo del 2º año. Es la Pascua de los judíos. Cristo está, de nuevo, en Jerusalén. El anciano san Juan, cuando escribe este texto no lo hace solo para los cristianos de su tiempo, hombres y mujeres del siglo II. Su Evangelio está escrito para siempre y para todos. Pero ahora, los hombres y mujeres de este tiempo, ¿qué entenderán al leer estas palabras en boca de Cristo?

Salí a darme una vuelta por las calles de mi ciudad. Iba con el pensamiento fijo en este TEMA que acababa de leer. La gente pasaba por mi lado, cada cual en sus ocupaciones. Unos iban, otros venían. Y yo me preguntaba: Señor, ¿quién de estos conoce tu mensaje? ¿Han leído tu Evangelio? ¿Te conocen? ¿Te aman?

Yo mismo me contestaba a estas preguntas deduciendo que a lo peor, si tuvieran la oportunidad de leer, a bote pronto, estas palabras de Jesús, quizá les sonarían a “chino mandarino”. Entonces me dije: ¿Para quién estoy haciendo este trabajo? Añadir una sola letra a este pasaje evangélico sería como encender una cerilla para alumbrar el destello de un relámpago. Si le ayuda, puedo indicarle lo que yo interpreto:

Al cabo de un año, los judíos, de dura cerviz, han cegado su entendimiento voluntariamente. Viendo los milagros de Jesús no los quisieron ver. Oyeron las divinas palabras del Verbo y no las quisieron oír. Tenían frente a sí al Autor de la Vida y sin embargo pretendían darle muerte.

Ya se ve clara la intención de los fariseos cuando va a comenzar el 2º año de la predicación de Jesús. Han de eliminarlo. ¿Por qué? Porque este Hombre, que sí, que hace milagros, es un Hombre que dice ser Dios. Que se atribuye la potestad divina de perdonar pecados. ¿Cómo? Sí, que dice que su Padre es Dios y que Él es igual a su Padre.

Negar la evidencia es una perversión de la voluntad que secuestra el entendimiento para no emplearlo en un acto de Fe que te lleve a reconocer la divinidad de un Hombre que suspende las leyes de la naturaleza a su libre albedrío. Este Hombre es Cristo, que manifiesta ser el Dios Fontal de quien procede toda vida imaginable.

Cuando Dios disponga que a mi generación se le acabaron los días de pasar por este mundo, todos iremos a parar al sepulcro donde el polvo se hace polvo. Pero si soy capaz de creer en lo que acabamos de leer de san Juan evangelista, llegará, seguro, un día, que solo el Padre Dios conoce, en el que este Hombre, su Hijo, que mataron los judíos, que entregó su vida, voluntariamente, por mí, vendrá a buscarme allí donde las almas esperan la resurrección del cuerpo a quien estaban unidas.

Soplará, como Dios, sobre mi sepulcro y el polvo tornará de nuevo a ser carne, pero, esta vez, resucitada, carne que oirá la voz de su Señor, que se volverá a unir con el alma, ya para siempre. Tendré esta alma y cuerpo que me ha definido como quien soy como soy, pero con una gloria que no puedo concebir. Compartiré la naturaleza divina del Único Dios que reconoceré en la Persona del Padre, en la Persona del Hijo y en la Persona del Espíritu Santo. Resucitaremos para la vida eterna si hemos creído en este Cristo nuestro y Jesús de nuestra alma que ahora nos está relatando su propia vida.



[1] Esta pregunta descubre el corazón de los fariseos de aquel tiempo. No es posible más mezquindad en el alma de un hombre que pregunta por quien le autorizó a llevar la camilla en lugar de por quién le sanó. La casuística de los judíos relevantes del pueblo de Israel es inmisericorde. ¿Quién puede entender un corazón tan duro?

TEMA 29 SOLO TEXTO

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TEMA 29
Segunda misión en Galilea. (Mt 12,1-8; Mc 2,23-28; Lc 6,1-5)

SOLO TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO

Terminó la Pascua y volví a Galilea y cierto día de sábado paseaba con mis discípulos por unos sembrados, y como tuvieran hambre comenzaron a arrancar espigas y frotándolas con las manos las comían. Los fariseos me dijeron:

—“Mira, ¿cómo hacen en sábado lo que no está permitido?”

Así mismo decían a mis discípulos:

—“¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado?”

Dirigiéndome a ellos les dije:

—“¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre y los que con él estaban, cómo entró en la Casa de Dios en tiempo de Abiatar, sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, que no es lícito comer sino a los sacerdotes, y los dio además a los que con él estaban? ¿O no leísteis en la Ley que en día de sábado los sacerdotes en el Templo violan el sábado y son inculpables? Pues Yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Y si hubierais entendido qué quiere decir: “Misericordia quiero que no sacrificio”, no habríais condenado a esos hombres sin culpa. El sábado por el hombre fue instituido, y no el hombre por el sábado. Así que Señor es el Hijo del hombre también del sábado”.[1]

COMENTARIO DEL INGENIERO

Cristo vuelve a Galilea. Ha acabado la Pascua. Los Sinópticos redactan este pasaje con muy semejantes palabras. Los tres pondrán en boca de Jesús una velada declaración divina de su Persona: “Así que Señor es el Hijo del hombre también del sábado”. (Mc 2,28). Como hemos mencionado, el TEXTO AUTOBIOGRÁFICO de este TEMA es una concordancia de tres relatos semejantes. San Mateo, mostrará, veladamente, la divinidad de Jesús al que le atribuye la siguiente afirmación: “Pues Yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo”. Volverá a recordar que los fariseos no entendieron que Dios quiere misericordia antes que sacrificio: “Misericordia quiero que no sacrificio”.

San Marcos, empleando el sentido común de san Pedro, nos descubre el divino sentido común de Cristo: “El sábado por el hombre fue instituido, y no el hombre por el sábado”.

San Lucas, finalmente, matiza que los discípulos comían las espigas que, previamente, habían frotado con las manos para quitar la cascarilla.

Puedo asegurar que el Programa Concordante es una herramienta formidable a disposición del exégeta que pretenda estudiar con rigor los Evangelios. El uso de esta Hoja de Cálculo Excel pone en una sola vista lo que han escrito los evangelistas. El trabajo de concordar cuatro textos diferentes deja terminado un solo Evangelio en el que se integran las singularidades que el Espíritu Santo ha inspirado a cuatro hombres distintos con un ideal común: dar a conocer a Jesucristo, al que le oímos decir:

“Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios: arrepentíos y creed en el Evangelio”. (Mc. 1,15)



[1] “Misericordia quiero que no sacrificio”. Esta frase, de Os 6,6 solo se contempla dos veces, en el Evangelio de san Mateo. Dios bajó del cielo a reclamar a los hombres misericordia para con sus hermanos. Dios, antes que sacrificios, quiere amor operando en el ordinario vivir de cada día, sin espectáculo, calladamente, desde dentro.

TEMA 30 SOLO TEXTO

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TEMA 30
Sano a un hombre que tenía una mano paralizada. (Mt 12,9-14; Mc 3,1-6; Lc 6,6-11

SOLO TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO

Otro sábado entré en una sinagoga para enseñar. Había un hombre allí que su mano derecha estaba rígida. Observaban atentamente los escribas y fariseos si en sábado curaría a ese hombre, para hallar de qué acusarme e incluso me preguntaron:

—“¿Es lícito curar en sábado?”

Yo conocía sus pensamientos y dirigiéndome al hombre que tenía rígida la mano le dije:

—“Levántate y ponte de pie en medio”.

Levantóse el hombre y quedó de pie en medio y mirando a los fariseos les dije:

—“Os pregunto si es permitido en sábado hacer bien o hacer mal, salvar un alma o perderla”.

Ellos callaban y les dije:

—“¿Qué hombre habrá entre vosotros que tenga una oveja, y si está en día de sábado cayere en una hoya, por ventura no la cogerá y la levantará? Pues ¡qué diferencia no habrá entre un hombre y una oveja! Así que es permitido en día de sábado hacer bien”.

En silencio los miré con indignación entristecido por el encallecimiento de su corazón, y dije al hombre:

—“Extiende tu mano”.

Y la extendió y quedó restablecida, sana como la otra. Los escribas y fariseos se llenaron de insensatez y unos y otros deliberaban sobre qué iban a hacer conmigo. Confabulados con los herodianos acordaron hacerme perecer.

COMENTARIO DEL INGENIERO

La necia e irracional interpretación que daban los fariseos al descanso sabático fue causa de agrias polémicas con el Señor del sábado, con Jesús, el Señor de todo lo creado, el Hijo de Dios irreconocible para los hijos de Satanás. Estamos en los comienzos del 2º año de la predicación pública de Jesús. Los Sinópticos nos presentan un suceso en el que los fariseos son capaces de irritar hasta el mismo Dios. La casuística de estos individuos es espeluznante, propia de corazones inhumanos. En día de sábado y en el interior de una sinagoga, repleta de gente, los fariseos, ellos mismos, presentan al Taumaturgo un pobre hombre con la mano tullida. Intentan provocar la curación de este hombre en sábado para tener causa con la que imputar a Jesús el incumplimiento, según ellos, de la Ley de Moisés.

A la pregunta de estos ladinos personajes responde Jesús con otra pregunta: “¿Es lícito en sábado hacer bien o hacer mal? ¿Salvar un alma o matar?” (Mc 3,4). En la Sinagoga se hace un silencio sepulcral, Cristo espera respuesta de los guardianes de la Ley, la gente no pierde detalle. El silencio se prolonga. Los fariseos no contestan. San Mateo, testigo del suceso, y san Lucas que transcribe información de otros testigos, pasan de un detalle que solo reseña san Marcos.

San Pedro, inmerso en esta embarazosa situación, sintió verdaderas nauseas de esta funesta hipocresía farisaica y en este silencio volvió la mirada hacia su Maestro y le contempló con el rostro profundamente entristecido, percibió la indignación divina con la que Jesús paseó su mirada sobre estos taimados hijos del Padre de la mentira, que interpretaban la Ley de Moisés para perder a los hombres más que para salvarlos. A partir de este acontecimiento, los fariseos se confabulan con los herodianos para acabar con el Hijo del hombre. ¿Qué hubiera sido de nosotros si Jesús no hubiera bajado del cielo?

TEMA 31 SOLO TEXTO

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TEMA 31
Junto al lago de Genesaret. Numerosas curaciones. (Mt 4,24-25; Mt 12,15-21; Mc 3,7-12; Lc 6,17-19)

SOLO TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO

Enterado de sus pretensiones me retiré de allí en compañía de mis discípulos hacia el mar. Me seguía gran muchedumbre, gente de Galilea, de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de allende el Jordán, de los contornos de Tiro y Sidón porque oían decir cuanto Yo hacía, extendiéndose mi Nombre por toda la Siria. Llegando a la orilla dije a mis discípulos que estuviese preparada una barca porque la gente me atropellaba para tocarme cuantos padecían enfermedad, porque salía de mí una virtud que sanaba a todos. Los que se hallaban mal, aquejados de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos…, a todos curé. Y los espíritus inmundos en viéndome caían a mis pies gritando:

—“¡¡Tú eres el Hijo de Dios!!”[1]

Yo les mandaba severamente que no me diesen a conocer. Se cumplía lo anunciado por el profeta Isaías, cuando dice:

“He aquí mi Siervo, a quien escogí, mi Amado, en quien se agradó mi alma[2]; pondré mi Espíritu sobre Él, y proclamará justicia a las naciones. No porfiará ni dará voces, ni oirá alguno en la plaza su voz. La caña cascada no la quebrará, y la mecha humeante no la apagará, hasta que haga triunfar la justicia; y en su Nombre esperarán las naciones”.

COMENTARIO DEL INGENIERO

De nuevo, el Programa Concordante concatena versículos diferentes de los diferentes autores evangélicos que redactan, a su manera, este pasaje. No todos dicen lo mismo, pero el ensamble de sus textos da lugar a una sola lectura. San Mateo, testigo directo, que quiere demostrar a los judíos de su tiempo la mesianidad de su Maestro, identifica a Jesús con el Siervo Amado de Dios que menciona Isaías (Is. 42,1-4). Solo él hará referencia a este texto profético. Solo san Marcos, al dictado de san Pedro, también testigo directo, nos hará mención del grito inmundo de los endemoniados: “¡¡Tú eres el Hijo de Dios!!”.

Finalmente, el evangelista médico, san Lucas, que no fue testigo de estos hechos, trata de justificarlos asegurando que de Jesús salía una virtud que curaba a todos los que le tocaban. Esto solo lo refiere él. Deja entrever que la divinidad habitaba en el cuerpo bellísimo de Cristo. El médico no acierta a explicarlo de otra manera, pero para la lectora o lector que ha llegado hasta aquí, no le resulta difícil captar el misterioso efluvio sagrado que debería de emanar de este Hombre que acredita su deidad, su filiación divina con prodigios y palabras como jamás se habían visto y oído.



[1] Así vociferaban los que, habiendo venido de otro mundo, de un mundo tenebroso, se volvían a él con satánica rabia. Le conocían tanto como le odiaban, seres que todavía viven, que viven en eterna desesperación. ¡Si el hombre quisiera creer y entender!

[2] Jesús es el Amado en quien se agrada el alma del Padre Dios, en quien se agrada el alma del hombre y de la mujer que le conoce.

TEMA 32 SOLO TEXTO

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TEMA 32
Elección de los Doce Apóstoles. (Mt 10,1-4; Mc 3,13-19; Lc 6,12-16)

SOLO TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO

Días después separándome de la muchedumbre, subí a la montaña para orar y trasnochaba en oración a mi Padre. Y cuando se hizo de día, llamé a los discípulos para que vinieran a solas conmigo. Escogí entre ellos a Doce a quienes di el nombre de Apóstoles y los destiné para que anduviesen conmigo y para enviarles a predicar. Les di potestad para lanzar espíritus inmundos y para curar toda enfermedad y dolencia. Los nombres de los Doce Apóstoles son éstos:

Primero Simón, a quien impuse el nombre de Pedro, y Andrés su hermano, Santiago el hijo de Zebedeo y Juan su hermano, a quienes impuse los nombres de “Boanerges”, que quiere decir “Hijos del trueno”; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el recaudador; Santiago el hijo de Alfeo, Judas Tadeo el hermano de Santiago, Simón apellidado Zelotes y Judas Iscariote, el que me traicionó.[1]

COMENTARIO DEL INGENIERO

¡Cuántos matices se pierden al leer los Evangelios por separado! El texto que leemos a continuación está concordado tratando de unir, adecuadamente, los datos que cada evangelista ha reseñado. Solo san Lucas nos asegura que el Señor trasnochó orando a su Padre antes de elegir a los Doce Apóstoles. Esto se comprende, ¿verdad?

Solo san Mateo, al llegar, en la relación, a su nombre se pone la profesión: “recaudador”. El Simón, que no es san Pedro, es el “Cananeo”, según nos lo aseguran san Mateo y san Marcos, sin embargo, san Lucas nos dirá que se apellida “Zelotes”.

Solo san Marcos hará mención de que Jesús puso el nombre de Boanerges (Hijos del trueno) a los hermanos Santiago y san Juan. A Judas Tadeo, que así lo conocemos ahora, san Mateo le da el nombre de Lebeo. El nombre de Judas lo conocemos por san Lucas. El nombre de Tadeo por san Marcos.

Los tres ponen a Bartolomé junto a Felipe. Esto hace suponer que Bartolomé se corresponde con Natanael. Por último, la palabra: “traidor”, adjudicada a Judas Iscariote, solo la emplea san Lucas. ¿Conocía estos detalles?



[1] ¿Por qué lo eligió si sabía que le iba a entregar? ¿Por qué eligió a quien cometería el mayor pecado del hombre? Porque la libertad es el supremo atributo del ser humano en virtud del cual somos semejantes al mismo Dios.

TEMA 33 SOLO TEXTO

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TEMA 33

El Sermón de la Montaña. (Mt 5,1-48; Mt 6,1-34; Mt 7,1-29; Lc 6,20-49)


SOLO TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO

Bajé con ellos y me detuve en un paraje llano y allí una gran muchedumbre me esperaba para oírme y ser curados de sus enfermedades. Me senté y rodeado de mis discípulos les enseñaba diciendo:

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Bienaventurados los que están afligidos, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que hacen obra de paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por razón de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Bienaventurados sois cuando os ultrajaren y persiguieren y dijeren todo mal contra vosotros por mi causa; gozad y alborozaos, pues vuestra recompensa es grande en los cielos. Que así persiguieron a los profetas que os precedieron.

Mas ¡ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestra consolación!

¡Ay de vosotros los que estáis hartos ahora, porque tendréis duelo y lloraréis!

¡Ay de vosotros cuando os den parabién los hombres, porque así fue como sus padres hacían con los falsos profetas!

Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se volviere sosa, ¿con qué se la salará? Para nada vale ya sino para ser tirada fuera y ser hollada de los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede esconderse una ciudad puesta sobre la cima de un monte. Ni encienden una lámpara y la colocan debajo del celemín, sino encima del candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Que alumbre así vuestra luz delante de los hombres, de suerte que vean vuestras obras buenas y den gloria a vuestro Padre, que está en los cielos.

No penséis que vine a destruir la Ley o los Profetas: no vine a destruir, sino a dar cumplimiento. Porque en verdad os digo: antes pasarán el cielo y la tierra que pase una sola letra o tilde de la Ley sin que todo se verifique. Por tanto, quien quebrantare uno de estos mandamientos más pequeños y así enseñare a los hombres, será considerado el más pequeño en el Reino de los cielos; mas quien obrare y enseñare, este será considerado grande en el Reino de los cielos. Porque os certifico que, si vuestra justicia no sobrepuja a la de los escribas y fariseos, no esperéis entrar en el Reino de los cielos. Oísteis que se dijo a los antiguos:

“No matarás; y quien matare, será sometido al juicio del tribunal”.

Mas Yo os digo que todo el que se encolerizare con su hermano, será reo delante del tribunal; y quien dijere a su hermano “raca”[1], será reo delante del Sanhedrín; y quien le dijere “insensato”, será reo de la gehena del fuego. Si, pues, estando tú presentando tu ofrenda junto al altar, te acordares allí de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y vete primero a reconciliar con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Sé condescendiente al concertarte con tu contrincante, presto, mientras vas con él en el camino, no sea caso que el contrincante te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te echen en la cárcel; en verdad te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Oísteis que se dijo:

“No cometerás adulterio”.

Mas Yo os digo que todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya en su corazón cometió adulterio con ella. Que, si tu ojo derecho te es ocasión de tropiezo, arráncalo y échalo lejos de ti, porque más te conviene que perezca uno solo de tus miembros, y que no sea echado todo tu cuerpo en la gehena. Y si tu mano derecha te sirve de tropiezo, córtala y échala lejos de ti, porque más te conviene que perezca uno solo de tus miembros, y que no se vaya todo tu cuerpo a la gehena.

Se dijo también:

“El que despidiere a su mujer, dele líbelo de repudio”.

Mas Yo os digo que todo el que despidiere a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace cometer adulterio; y quien se case con una repudiada, comete adulterio. Asimismo, oísteis que se dijo a los antiguos:

“No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos”.

Mas Yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, pues es trono de Dios; ni por la tierra, pues es escabel de sus pies; ni por Jerusalén, pues es ciudad del “Gran Rey”; ni jures tampoco por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Sino sea vuestro lenguaje: “Sí” por sí, “No” por no; y lo que de esto pasa proviene del Malvado. Oísteis que se dijo:

“Ojo por ojo y diente por diente".

Mas Yo os digo que no hagáis frente al malvado; antes si uno te abofetea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiere ponerte pleito y quitarte la túnica, entrégale también el manto; y si uno te forzare a caminar una milla, anda con él dos; y a quien te pidiere, da; y a quien quisiere tomarte dinero prestado, no le esquives. Y a quien tome lo tuyo no se lo reclames. Oísteis que se dijo:

“Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.

Mas Yo os digo a vosotros los que me escucháis: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen y rogad por los que os persiguen y calumnian y maltratan: para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos, porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos. Y como queréis que hagan con vosotros los hombres, también vosotros haced con ellos de igual manera.

Porque si amareis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿Acaso no hacen eso mismo también los publicanos y pecadores? Y si saludareis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿Acaso no hacen eso mismo también los gentiles? Y si hiciereis bien a los que os hacen bien, ¿qué gracia hallareis? También los pecadores hacen eso mismo.

Y si diereis prestado a aquellos de quienes esperáis cobrar, ¿qué gracia hallareis? También pecadores a pecadores dan prestado, con intención de recobrarlo al igual. Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien y dad prestado, sin esperar retorno; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, pues Él es bueno con los ingratos y perversos.

Sed misericordiosos, como vuestro Padre es Misericordioso. Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. Mirad no obréis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis derecho a la paga cerca de vuestro Padre, que está en los cielos. Por eso, cuando hicieres limosna, no mandes tocar la trompeta delante de ti, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para ser honrados de los hombres: en verdad os digo, firman el recibo de su paga. Mas cuando tú hagas limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto, y tu Padre, que mira a lo secreto, te dará la paga.

Y cuando oréis, no seréis como los hipócritas, porque son amigos de hacer la oración puestos de plantón en las sinagogas y en los cantones de las plazas, para exhibirse delante de los hombres; en verdad os digo, firman el recibo de su paga. Mas tú cuando ores, entra en tu habitación y, echada la llave a tu puerta, haz la oración a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que mira a lo secreto, te dará la paga. Y al orar no charléis neciamente como los gentiles, pues se imaginan que con su mucha palabrería serán escuchados. No os hagáis, pues, semejantes a ellos, que bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes de que se lo pidáis. Vosotros, pues, habéis de orar así:

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea el tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del Malvado.

Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial: mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas tampoco vuestro Padre os perdonará las vuestras.

Y cuando ayunéis, no os pongáis ceñudos como los hipócritas, pues desfiguran sus rostros para figurar ante los hombres como ayunadores. En verdad os digo, firman el recibo de su paga. Mas tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu cara, para que no parezcas a los hombres como quien ayuna, sino a tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre que mira a lo escondido, te dará la paga.

No atesoréis tesoros sobre la tierra, donde la polilla y el orín los hacen desaparecer y donde los ladrones perforan las paredes y roban; atesoraos más bien tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los hacen desaparecer y donde los ladrones no perforan las paredes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si, pues, tu ojo estuviere bueno, todo tu cuerpo estará iluminado; mas si tu ojo estuviere malo, todo tu cuerpo estará entenebrecido. Si, pues, la luz que hay en ti es oscuridad, ¿la oscuridad cuánta será?

Nadie puede ser esclavo de dos señores, porque bien aborrecerá al uno y tendrá amor al otro, o bien se adherirá al primero y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.[2]

Por esto os digo: no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿Por ventura la vida no vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Poned los ojos en las aves del cielo, que ni siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Acaso vosotros no valéis más que ellas? Y ¿quién de vosotros a fuerza de afanes puede añadir un solo codo a la duración de su vida?

Y por el vestido, ¿a qué acongojaros? Considerad los lirios del campo cómo crecen: no se fatigan ni hilan; y Yo os aseguro que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Y si la hierba del campo, que hoy parece y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿por ventura no mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

No os acongojéis, pues, diciendo: ¿qué comeremos?, o ¿qué beberemos?, o ¿con qué nos vestiremos? Pues tras todas esas cosas andan solícitos los gentiles. Que bien sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todas ellas. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y esas cosas todas se os darán por añadidura. No os preocupéis, pues, por el día de mañana; que el día de mañana se preocupará de sí mismo: bástele a cada día su propia malicia.[3]

No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados: pues con el juicio con que juzgáis seréis juzgados. Absolved, y seréis absueltos; dad y se os dará: medida buena, apretada, remecida, desbordante será la que os den en vuestro seno; porque la medida que empleareis con los demás, esa misma recíprocamente se empleará para con vosotros.

¿Por ventura puede un ciego guiar a un ciego? ¿No caerán acaso entrambos en la hoya? No hay discípulo sobre el maestro, mas una vez cumplidamente formado, cualquiera será como su maestro. ¿Y a qué miras la brizna que está en el ojo de tu hermano, y no adviertes la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la brizna que está en tu ojo”, no viendo tú mismo la viga que está en tu ojo? Farsante, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás claro para sacar la brizna que está en el ojo de tu hermano.

No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pateen con sus pies y revolviendo contra vosotros os hagan trizas.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá: porque todo el que pide, recibe: y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá. O ¿quién habrá entre vosotros a quien su hijo pidiere pan…? ¿por ventura le dará una piedra?; o también le pidiere un pescado, ¿por ventura le dará una serpiente? O si le pide un huevo, ¿por ventura le dará un escorpión? Si, pues, vosotros con ser malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará bienes a los que se lo pidieren… dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?

Así, pues, todo cuanto quisiereis que hagan los hombres con vosotros hacedlo con ellos. Porque ésta es la Ley y los Profetas.[4]

¡Entrad por la puerta angosta! ¡Cuán ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición! ¡Y son muchos los que entran por ella!  ¡Cuán angosta es la puerta y estrecha la senda que lleva a la vida! ¡Y son tan pocos los que dan con ella!

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas; mas por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconoceréis. ¿Por ventura se cosechan uvas de los espinos o higos de los abrojos? Es así que todo árbol bueno produce frutos buenos, mas todo árbol ruin produce frutos malos. No puede el árbol bueno producir frutos malos, ni el árbol ruin producir frutos buenos. Todo árbol que no produce fruto bueno es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conoceréis. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el malo, del malo saca lo malo; porque de la plenitud rebosante del corazón habla la boca.[5]

¿A qué viene llamarme: “¡Señor, Señor!”, si no hacéis lo que Yo digo? No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos; mas el que hace la Voluntad de mi Padre, que está en los cielos, este entrará en el Reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día:

“Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre, y en tu Nombre lanzamos demonios, y en tu Nombre obramos muchos prodigios?”

Y entonces les declararé:

“Nunca os conocí; apartaos de mí los que obráis la iniquidad”.

Así, pues, todo el que viene a mí y escucha mis palabras y las pone por obras, os voy a mostrar a quién es semejante. Es semejante a un hombre que edifica una casa el cual cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y bajó la lluvia, y vinieron los ríos, y soplaron los vientos y se echaron sobre aquella casa estrellándose en ella, y no pudieron conmoverla por estar tan bien edificada y cimentada sobre roca. Pero, todo el que escucha éstas mis palabras y no las pone por obra, se asemejará a un hombre necio que edificó su casa sobre arena o tierra sin fundamento: y bajó la lluvia, y vinieron los ríos, y soplaron los vientos,[6] y rompieron contra aquella casa, y al instante se desplomó y fue grande el derrumbamiento de aquella casa".

Terminados estos razonamientos, la muchedumbre se maravillaba de mi enseñanza, porque mis palabras eran dichas como quien tiene autoridad y no como sus escribas.

COMENTARIO DEL INGENIERO

Como se puede apreciar, solo san Mateo y san Lucas dejan escrito, para siempre, la doctrina de Cristo expuesta con sencillez divina. Este es el programa que encierra el verdadero saber que lleva a la vida eterna. Dios expone con palabra humana y entendible lo que estaba escondido desde la creación del mundo. Jesús, como Dios y como Hombre, asegura: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Así es, estas palabras, que ahora vamos a leer, han quedado esculpidas, para siempre, en la misma esencia del ser que define a cada hombre o mujer que pasa por este mundo. Todo aquel que hace suya esta nueva filosofía de vida se hace uno con su Redentor, con el Hijo de Dios que, como más adelante comprobaremos, dará la vida, como supremo tributo de amor y obediencia, por todos y cada uno de los hombres y mujeres de ayer, de hoy y de mañana. Así hablaba Jesús, así lo dejaron escrito, hace ~2.000 años, san Mateo y san Lucas, así lo hemos leído ahora maravillados de esta doctrina. ¿Qué se puede añadir a la palabra permanente de Dios? Estas páginas solo tienen una lectura. Hay que interpretarlas tal y como las interpreta el Magisterio de la Iglesia, en este caso, tal y como, literalmente, se leen. Toda equilibrada mente humana las entiende con independencia del bagaje cultural que le asista en este querer hacerlas norma de la nueva vida que generan. Más adelante Jesús dirá: 

“El Espíritu es el que vivifica; la carne de nada aprovecha. Las palabras que Yo os he hablado son Espíritu y son vida”. (Jn. 6,64)

Cualquier inteligencia comprende lo que se ha escrito. Otra cosa es la disposición del que ha tenido la oportunidad de leerlo. Obrar en consecuencia de lo que dicen estas palabras, lleva a una nueva vida, en clave de espíritu y verdad. La felicidad eterna al alcance de la mano.



[1] Palabra hebrea que expresa profundo desprecio por el semejante.

[2] ¿Se entiende bien?

[3] El cumplimiento del deber de cada día, el abandono en las manos del Padre que me ha creado, de un Padre bueno que vela por mí. Este sí que es camino de santidad, ejerciendo el ordinario vivir de nuestra vida en Paz

[4] Esta es la llave que abre el Paraíso. Tengo que querer para todos lo que quiero para mí. Yo vendré a ser amado según la medida de mi amor por los demás. Necesito comunicarme, no puedo ejercer la vida y el amor en soledad.

[5] A poco que escuches a tu prójimo conocerás con quien tratas. ¡Qué poco tiempo se necesita para conocer al hombre!

[6] A todos y cada uno, en el transcurso de la vida, nos llegan tiempos de imprevisibles consecuencias. Llegan para los que creen y para los que no creen. El que cree se consolará con la Esperanza, el que no cree no hay Esperanza que le consuele. Con Fe, pase lo que pase, el último destino se consuma en la otra vida. Sin Fe no hay más destino que esta vida, la que se acaba en unos pocos años.

TEMA 34 SOLO TEXTO

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TEMA 34
El siervo del centurión. (Mt 8,5-13; Lc 7,1-10)

SOLO TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO

Bajamos del monte y seguidos de un gran gentío entramos en Cafarnaúm. Había cierto centurión, cuyo siervo, enfermo, estaba para morir, el cual le era de mucha estima. Como hubiese oído hablar de mí, envió a algunos ancianos de los judíos, suplicándome que viniese a sacar de peligro a su siervo, diciendo:

—“Señor, mi muchacho yace en casa paralítico, presa de atroces torturas”.

A su vez los ancianos me rogaban encarecidamente, diciendo:

—“Es digno de que le otorgues esto, pues ama nuestra raza, y la sinagoga él nos la edificó”.

Les dije:

—“Allá voy, y le curaré”.

Acompañado de ellos y cuando estábamos cerca de la casa, el centurión envió unos amigos diciendo:

—“Señor, no te molestes, que no soy digno de que entres debajo de mi techo; por lo cual tampoco me consideré digno de ir a Ti; mas ordénalo con una sola palabra, y quede sano mi muchacho. Que también yo, simple subordinado a las órdenes de la autoridad, que tengo soldados a mi mando, digo a éste: “Ve” y va; y a otro; “Ven” y viene; y a mi esclavo: “Haz esto”, y lo hace”[1].

Al oír esto, quedé maravillado[2] y vuelto a la gente que me seguía, les dije:

—“Os aseguro que ni siquiera en Israel hallé fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente y se recostarán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos; en cambio, los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de allá fuera: allí será el llanto y el rechinar de los dientes”.

Dirigiéndome a los enviados del centurión les dije:

—“Id y decidle: como creíste, hágase contigo”.

Y el muchacho sanó en aquella hora.

COMENTARIO DEL INGENIERO

San Mateo y san Lucas nos llevan de nuevo a Cafarnaúm. La lógica de Dios no es la lógica de los hombres. Tampoco toda la palabra de Dios la podemos circunscribir a la interpretación literal de la inteligencia humana. En este suceso, los teólogos y exegetas han tenido notable dificultades para poder acomodar las dos versiones de este relato, la de san Mateo y la de san Lucas.

San Mateo expone, meridianamente, que fue el propio Centurión el que se dirige a Jesús suplicándole la curación de su siervo. Los oídos humanos de Jesús oyeron, directamente, la voz de un soldado humilde que articulaba las siguientes palabras:

“Señor, no soy digno de que entres debajo de mi techo; mas ordénalo con una sola palabra, y quedará sano mi muchacho”. (Mt 8,8)

San Lucas expone, manifiestamente, que el Centurión no se atrevió llegarse a Jesús de manera personal, mandó a unos amigos que en su nombre dijeron a Jesús:

“Señor, no te molestes, que no soy digno de que entres debajo de mi techo; por lo cual tampoco me consideré digno de ir a ti; mas ordénalo con una sola palabra, y quede sano mi muchacho”. (Lc 7,6-7)

Este suceso es histórico, si pudiera volver hacia atrás en el tiempo sería testigo directo de él, pero ¿cómo acaeció?, ¿como lo narra san Mateo o como lo hace san Lucas? Aquí nos sale al encuentro lo que se llama “materia de opinión”. ¿Cuál de los dos expone la verdad? La verdad intrínseca es:

Un Centurión, una humilde súplica, un siervo enfermo, Cristo que hace el milagro a distancia... etc. En esto nada difieren los evangelistas. Solo en la redacción de este pasaje difieren el Apóstol y el médico. Probablemente, los acontecimientos se desarrollaron como nos lo presenta san Lucas.

Al hacer uso del Programa Concordante he podido advertir algunas peculiaridades que, normalmente, pasan desapercibidas cuando el Evangelio se lee de corrido y no se medita en profundidad. Ni san Pedro (San Marcos), ni san Juan hacen mención de este pasaje. Ambos viven en Cafarnaúm y debieron conocer que la Sinagoga fue una realidad gracias a la generosidad de este Centurión que, probablemente, ostentaba la máxima autoridad romana en esta ciudad. ¿Por qué? Quizá ya conocían los Evangelios de los Sinópticos. Lo escrito bien escrito estaba.

Por primera vez oiremos de boca de Jesús la siguiente frase: “…allí será el llanto y el rechinar de los dientes”. Salvo una sola vez que la menciona san Lucas, cuando Jesús contesta a uno que pregunta si serán pocos lo que se salven, solo en san Mateo vemos esta afirmación del Hijo de Dios. Hasta seis veces en este Evangelio la oiremos en los labios del Maestro.

En el Infierno se llora con eterna amargura y sin embargo no se suplica consolación, se llora con desesperación porque no se quiere el arrepentimiento, no es posible tener dolor de corazón, se vive en una desesperanza que no tiene término, porque se odia en un desasosiego infernal del cual, al condenado no le es posible querer salir. Lo quiere y lo padece porque lo ha querido, lo quiere y lo querrá más allá del tiempo. ¿Por qué el Verbo de Dios hecho carne iba a asegurar que existe este indefinido lugar si no fuera verdad?



[1] ¿Qué le parece? ¿Tenemos nosotros esta Fe?

[2] Se sorprende Jesucristo en varias ocasiones. Esta es la primera que se nos muestra en el Evangelio de san Mateo y de san Lucas. Su sorpresa hace referencia a la Fe de un gentil, es decir, a la Fe de un hombre que no era judío.