[La
Misericordia divina ha llenado el cielo de aquellos que, precisamente, no lo
esperaban. Afortunadamente, el hombre, en trance de su salida de este mundo, no
será juzgado por el hombre, sino por Dios, al que, en última instancia,
reconocerá como al Padre que le creó y le amó antes de que viniera a ser el
Universo. Dios nos juzgará como Padre, y esto llena de Paz y descanso en la
Esperanza. Leamos esta parábola que solo san Mateo da razón de ella]:
TEXTO
CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Tomé de nuevo la palabra y les hablé en
parábolas diciendo:
—“Se
ha asemejado el Reino de los cielos a un rey que dispuso unas bodas para su
hijo. Y despachó sus esclavos para llamar a los que habían sido convidados a
las bodas. Y no quisieron venir. De nuevo despachó otros esclavos diciendo:
“Decid
a los convidados: he aquí que tengo preparado mi convite; mis toros y animales
cebados han sido sacrificados, y todo está a punto; venid a las bodas”.
Mas
ellos, no haciendo caso, se marcharon, quien, a su granja, quien a su comercio;
los demás, echando mano de sus esclavos, los ultrajaron y los mataron. El rey
se encolerizó, y enviando sus ejércitos, hizo perecer a aquellos homicidas e
incendió su ciudad. Entonces dice a sus esclavos:
“Las
bodas están a punto, pero los convidados no eran dignos; id, pues, a las
encrucijadas de los caminos, y a cuantos hallareis, llamadlos a las bodas”.
Y
habiendo salido aquellos esclavos a los caminos, reunieron a cuantos hallaron,
malos y buenos; y se llenó de comensales la sala de bodas. Y entrando el rey a
ver a los que estaban a la mesa, vio allí un hombre no vestido con traje de
boda, y le dice:
“Compañero,
¿cómo entraste acá, no teniendo traje de boda?”
Él no desplegó los labios. Entonces el rey
dijo a los sirvientes:
“Atadle
de pies y manos y arrojadle a las tinieblas de allá afuera; allí será el llanto
y el rechinar de los dientes”.
Porque
muchos son los llamados, mas pocos los elegidos”.
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