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TEMA 117 SOLO TEXTO

SEMANA DE PASIÓN

TEMA 117   Entrada triunfal en Jerusalén. Lloro sobre la ciudad. (Mt 21,1-17; Mc 11,1-11; Lc 19,29-44; Jn 12,12-19)
[De este suceso tenemos referencia en los cuatro Evangelios. Leemos]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Ya era el día primero de la semana, 10 de Nisán. Llegamos cerca de Jerusalén, en Betfage, en el monte de los Olivos y entonces envié a dos de mis discípulos, diciéndoles:
—“Id a la aldea que está frente a vosotros, y luego que entréis en ella hallaréis un asna atada y un pollino con ella atado, sobre el cual ningún hombre jamás se sentó: desatadlos y traédmelos acá; y si alguno os preguntare: “¿Por qué hacéis eso? ¿Por qué los desatáis?”, le diréis así: “Porque el Señor tiene necesidad de ellos, mas luego los hace traer de nuevo acá”.
Fueron los discípulos enviados y hallaron, como Yo les había dicho, un pollino atado junto a la puerta, fuera en el camino que daba la vuelta. Y mientras ellos desataban el pollino, les dijeron sus amos:
—“¿Por qué desatáis el pollino?”
Ellos dijeron:
—“Porque el Señor tiene necesidad de él”.
Y les dejaron hacer. Y me trajeron el asna y el pollino. Y, echando sus mantos encima del pollino, me hicieron montar en él y me senté. Esto se ha hecho para que se cumpliese lo anunciado por el profeta Zacarías, que dice:
“Decid a la hija de Sión: Mira que tu Rey viene a ti manso y montado sobre un asna y sobre un pollino hijo de animal uncido al yugo”.
Estas cosas no las conocieron mis discípulos desde un principio; mas cuando fui glorificado, entonces recordaron que tales cosas estaban escritas sobre mí, y estas fueron las que conmigo hicieron.
Y según que Yo iba avanzando, la gran muchedumbre, tendía sus mantos en el camino; otros cortaban ramas de los árboles del campo y con ellas tapizaban el camino. Y cuando ya me acercaba al descenso del monte de los Olivos, toda la muchedumbre de mis discípulos comenzó gozosos a alabar a Dios con grandes voces por todos los prodigios que habían visto, diciendo:
—“¡Hosanna al Hijo de David!”
—“¡Bendito el que viene, el Rey, en el Nombre del Señor!”
—“¡Bendito el Reino, que viene, de nuestro padre David!”
—“¡Paz en el cielo, Hosanna y gloria en las supremas alturas!”
La gran muchedumbre que había venido a la Fiesta, al oír que venía Yo a Jerusalén, tomaron palmas, y salieron a mi encuentro y clamaban:
—“¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, y el Rey de Israel!”
Daba, pues, testimonio la turba que conmigo estaba cuando llamé a Lázaro del sepulcro y le resucité de entre los muertos. Por esto también me salió al encuentro la muchedumbre, por haber oído que Yo había obrado este portento. Los fariseos, pues, se dijeron unos a otros:
—“Veis que nada logramos; he aquí que el mundo se fue tras Él”.
Y algunos de los fariseos de entre la turba me dijeron:
—“Maestro, increpa a tus discípulos”.
Les respondí:
—“Os digo que, si éstos callasen, las piedras clamarán”.
Y cuando ya estuve cerca, viendo la ciudad, lloré sobre ella, diciendo:
—“¡Si conocieras también tú en este día lo que lleva a la paz! Mas ahora se ocultó a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti en que levantarán una valla tus enemigos contra ti, y te cercarán y te estrecharán por todas partes, y te arrasarán y estrellarán a tus hijos en ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, en razón de no haber conocido el tiempo de tu visitación”.
Y como entrase en Jerusalén, se conmovió toda la ciudad, diciendo:
—“¿Quién es Este?”
Y las turbas decían:
—“Este es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea”.
Y entré en el Templo de mi Padre. Y se llegaron a mí los ciegos y los cojos en el Templo, y los curé. Pero viendo los sumos sacerdotes y los escribas las maravillas que obré y a los niños que gritaban en el Templo y decían: “¡Hosanna al Hijo de David!”, lo llevaron a mal, y me dijeron:
—“¿Oyes qué cosas dicen éstos?”
Mas Yo les dije:
—“Sí, ¿es que nunca leísteis que de la boca de los pequeñuelos y de los que maman, te aparejaste alabanza?”
Y los dejé echando en torno una mirada, sobre todo, y como fuese ya tardía la hora, salí fuera de la ciudad en dirección a Betania con los Doce, y pernocté allí.
COMENTARIO
En el apartado anterior habíamos leído que Jesús llegó a Betania 6 días antes de la Pascua. Por san Juan sabemos que al día siguiente entraba en Jerusalén, estamos pues, en el primer día de la Semana de Pascua, es decir el 10 de Nisán.
El Hijo de Dios toma como cabalgadura a un asnillo y arropado por sus discípulos, desde el monte de los Olivos, se va acercando a Jerusalén que está repleta de gente para celebrar la Pascua de ese año 783 de Roma.
El texto leído está concordado. Dicho esto, me quedo con que los cuatro evangelistas nos informan de las alabanzas de una gran multitud que acompañaba a Jesús con ramas de olivo, palmas y mantos con los que tapizaban el suelo por donde pasaba el pollino que lleva en su grupa al Creador de Universo. Nos mostrará solo san Lucas lo que los fariseos dijeron al Mesías y lo que este les contestó:
“Maestro, increpa a tus discípulos”.
Les respondí:
“Os digo que, si éstos callasen, las piedras clamarán”.
Ya ha entrado el Señor en Jerusalén y se llegó al Templo de su Padre. Entonces, esta vez, fueron los propios sacerdotes del Templo los que amonestan al Mesías y esto lo sabremos solo por san Mateo que nos manifiesta:
“¿Oyes qué cosas dicen éstos?”
Mas Yo les dije:
“Sí, ¿es que nunca leísteis que de la boca de los pequeñuelos y de los que maman, te aparejaste alabanza?”

TEMA 118 SOLO TEXTO

TEMA 118   La higuera maldecida. (Mt 21,18-19; Mc 11,12-14)
[San Mateo y san Marcos nos han dejado este desconcertante pasaje. Leemos]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Al día siguiente, segundo de la semana, 11 de Nisán, al amanecer, salimos de Betania y volvimos a Jerusalén. En el camino sentí hambre y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fui allí por si acaso hallaba en ella alguna cosa: y llegando a ella, nada hallé sino hojas, porque no era el tiempo de higos. Y tomando la palabra le dije:
—“¡Para siempre coma nadie fruto de ti! ¡No brote ya fruto de ti por siempre jamás!”
Me oían mis discípulos, cuando de repente se secó la higuera.
COMENTARIO
No me sorprende que Jesús tuviera hambre, pero sí, que fuera a buscar algún fruto en una higuera, con solo hojas, cuando sabía que no era tiempo de higos. Quizás, deberíamos entender lo que nos quiere decir el Evangelio con este premeditado acto de Cristo, que aun sabiendo que no hallará nada, se llega a la higuera por si acaso algo encontrara. La higuera es el pueblo de Israel, que en breve dejará de dar fruto para sí, ni para nadie, por siempre jamás. San Mateo, dejará escrito que la higuera se secó de manera fulminante.

TEMA 119 SOLO TEXTO

TEMA 119   Echo del Templo a los que vendían y compraban. (Mt 21,12-13; Mc 11,15-19; Lc 19,45-48)
[Tres años atrás, Jesús expulsó a los mercaderes del templo de su Padre. De aquella primera expulsión tendremos noticias solo de san Juan. Cuando ya acaba su vida pública, el Mesías, vuelve a expulsar a estos mismos mercaderes, conjuntamente corrompidos con los sacerdotes del Templo, que autorizaban semejante desprecio al lugar sagrado donde se encontraban. Este pueblo es el mismo del que Moisés decía que era de “dura cerviz”. Serán los Sinópticos quienes dejarán escrito este bochornoso comercio en un lugar, que Jesucristo manifiesta, con autoridad divina, ser Casa de oración. Así lo testifican los tres evangelistas, el mismo Dios nos asegura que: “Mi Casa será llamada Casa de oración”, y con esto se diferencian de san Juan, que no lo dice. Leemos]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Y llegamos a Jerusalén y habiendo entrado en el Templo de mi Padre, comencé a echar de allí a los que vendían y a los que compraban en el Templo, y volqué las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían las palomas, y no consentí que nadie trasladase objeto alguno pasando por el Templo. Y enseñándoles les decía:
—“¿Es que no está escrito que:  
“Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes?”
Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”.
Y lo oyeron los sumos sacerdotes y los escribas, y junto con los primates del pueblo, buscaban manera de acabar conmigo, porque me tenían miedo; y no atinaban en lo que habían de hacer, pues el pueblo todo, oyéndome, estaba pendiente de mis labios y asombrado de mi enseñanza. De día enseñaba en el Templo y cuando se hacía tarde me salía fuera de la ciudad.

TEMA 120 SOLO TEXTO

TEMA 120   Unos gentiles desean verme. (Jn 12,20-36)
[Según el orden cronológico del que nos valemos para redactar esta Concordancia, ahora, es san Juan de quien tomamos referencia con este pasaje que solo él nos ha dejado escrito. No debemos perder de vista que el hombre que ha escrito estas divinas palabras, lo hizo en su ancianidad. El cúmulo de detalles con el que redacta su Evangelio, es una prueba incuestionable de que este lúcido y longevo judío estaba lleno del Espíritu Santo. Este privilegiado cristiano, es el que más y mejor nos ha manifestado la naturaleza divina de Jesucristo, el Verbo de Dios hecho Carne, el Hijo de Dios.]
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Había unos griegos de los que subían a honrar a mi Padre en la solemnidad. Estos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea y le rogaban diciendo:
—“Señor, deseamos ver a Jesús”.
Viene Felipe y se lo dice a Andrés; vienen Andrés y Felipe y me lo dicen a mí. Y Yo les respondí diciendo:
—“Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; mas si muere, lleva mucho fruto. Quien ama su vida, la pierde; y quien aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna. Quien me sirve, sígame; y donde Yo estoy, allí estará también mi servidor. A quien me sirviere, mi Padre le honrará. Ahora mi alma se ha turbado; y ¿qué diré? ¡Padre, sálvame de esta hora! Mas para esto vine a esta hora. Padre, glorifica tu Nombre”.
Vino, pues, una voz del cielo:
—“Le glorifiqué, y de nuevo le glorificaré”.
La turba, pues, que allí estaba y le oyó, decía que había sido un trueno. Otros decían:
—“Un ángel le ha hablado”.
Les respondí diciendo:
—“No por mí ha venido esta voz, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera. Y Yo, cuando fuere levantado de la tierra, a todos arrastraré hacia mí”.
Esto dije significando con cual muerte había de morir. Me respondió la turba:
—“Nosotros hemos oído de la Ley que el Mesías permanece eternamente, y ¿cómo dices Tú que “tiene que ser exaltado el Hijo del hombre”? ¿Quién es ese Hijo del hombre?”
Les dije, pues:
 —“Todavía breve tiempo está la luz con vosotros. Caminad, mientras tenéis la luz, para que las tinieblas no os sorprendan. Y quien camina en las tinieblas no sabe dónde va. Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz”.
Esto hablé, y retirándome, me escondí de ellos.
COMENTARIO
Estas palabras de Cristo están en permanente presente para ser escuchadas por todas las generaciones, hasta el fin del  mundo. ¿Qué pudieron entender los que las escuchaban en esa hora? Son un susurro divino que se oye en el silencio de nuestra intimidad más reservada, allí donde solo está el hombre y su Creador, allí donde Cristo y yo estamos solos.
La bendita alma del Cristo Hombre se ha turbado. Mi Dios se me manifiesta aturdido. ¿Qué le ocurre a Cristo? En mi Señor se da un no querer y querer que a dos mil años pasados puedo entender. Cristo es una sola Persona con dos naturalezas, la humana y la divina. Cristo tiene sentimientos como un hombre que le afloran cuando contempla lo porvenir con el conocimiento del Dios que es. Siendo humano no deja de ser divino. Ser el mismísimo Dios Creador del Universo no le exonera del sufrimiento como Hombre que ha de padecer una horrorosa muerte, una muerte de Cruz, que ya contempla su alma de Hombre, que se resiste a tan atroz padecimiento.
Pide a su Padre librarse de esta hora y a su vez se determina a aceptarla con supremo abandono de su voluntad de Hombre en la Voluntad de su Padre Dios. En tal estado anímico, suplica a su Padre que glorifique su Nombre y su Padre le responderá con voz oída por oído humano. Cristo se contempla muerto en Cruz, elevado sobre la tierra, para esto ha venido al mundo, para entregar su vida como rescate de todo hombre que será arrastrado hacia este mi Dios Crucificado.

TEMA 121 SOLO TEXTO

TEMA 121   La higuera seca: eficacia de la fe y la oración. (Mt 21,20-22; Mc 11,20-26)
[Según vimos anteriormente, san Mateo nos asegura que la higuera se secó fulminantemente. Según vemos ahora, san Marcos manifiesta que los discípulos se dan cuenta, al día siguiente, de que la higuera, que Jesús maldijo, estaba seca. Leemos]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Al día tercero de la semana, 12 de Nisán, al pasar de madrugada por el sitio donde estaba la higuera, vieron mis discípulos que la higuera se había secado desde las raíces y se maravillaron diciendo:
—“¡Qué de repente se secó la higuera!”.
Y acordándose Pedro, me dijo:
—“Rabí, mira; la higuera que maldijiste se ha secado”.
Y respondiendo les dije:
—“Tened fe de Dios. En verdad os digo que, si tuviereis fe y no titubearais en vuestro corazón, no sólo haréis eso de la higuera, sino que aun si dijereis a ese monte: “Quítate de ahí y échate en el mar”, se hará. Y quien tuviere fe de que lo que dice se hace, lo alcanzará. Por esto os digo: todo cuanto rogáis y pedís, creed que lo recibisteis y lo alcanzaréis. Y cuando estáis en pie orando; perdonad, si algo tenéis contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestros pecados. Pero si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre, que está en los cielos, perdonará vuestros pecados”.
COMENTARIO
Cuando Cristo nos pide que tengamos Fe de Dios es porque es posible al hombre obtener de Dios esta Fe. Cristo no propondría cosas imposibles al hombre. Con esta Fe, el poder del hombre es ilimitado. La Omnipotencia al servicio de la Fe del hombre. La Fe solo se genera en el corazón bueno, en el corazón de niño que pide como un niño a su Padre y su Padre le da como Padre, da como Dios a quien solo puede recibir como hombre.
Las palabras de Cristo son tan reales como lo que significan, no están dichas para la mente metafísica, están expresadas para que las entienda toda inteligencia humana y está muy claro, porque así, Él mismo, lo asegura: que cuanto más niño sea el ser humano que las escucha, más las entenderá. De las siguientes palabras en boca de Cristo:
“Quien tuviera fe de que lo que dice se hace, lo alcanzará. Por esto os digo: todo cuanto rogáis y pedís, creed que lo recibisteis y lo alcanzaréis”.
¿Qué puedo entender?... pues, justamente lo que dicen, y si así lo creo. ¿Qué me falta en este mundo?
Me considero siempre obligado a suplicar el perdón de mi Padre Dios, pues he experimentado la necesidad de recomenzar cada día, porque justamente, cada día caigo más de siete veces y no puedo implorar misericordia si a su vez yo no la ejerzo con el que me la reclama, con este hermano al que no me está autorizado juzgar sino solo perdonar, si quiero parecerme al que tanto me perdona.

TEMA 122 SOLO TEXTO

TEMA 122   “¿Con qué autoridad haces eso?” (Mt 21,23-27; Mc 11,27-33; Lc 20,1-8)
[Aquí, los Sinópticos emplean casi las mismas palabras. Este es uno de los muy pocos apartados en el que los evangelistas coinciden de forma sorprendente. Leemos]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Llegamos de nuevo a Jerusalén y venido al Templo me paseaba y enseñaba al pueblo anunciándoles la Buena Nueva. En esto se me presentaron de pronto los sumos sacerdotes y los escribas con los ancianos, diciendo:
—“Dinos: ¿con qué potestad haces esas cosas? ¿O quién te dio esa potestad de hacerlas?”
Les respondí:
—“Os preguntaré también Yo una cosa, la cual, si me dijereis, también Yo os diré con qué autoridad hago estas cosas: el bautismo de Juan, ¿de dónde era?: ¿Del cielo o de los hombres? Respondedme”.
Ellos discurrían consigo, diciendo:
“¿Qué vamos a decir? Si dijéremos: “del cielo” dirá: “¿Por qué, pues, no lo creísteis?” Si, en cambio, dijéremos: “de los hombres”, hemos de temer a la turba y el pueblo entero nos apedreará, porque está en la persuasión de que Juan era profeta”.
Todos tenían a Juan como que realmente era profeta. Y respondiendo me dijeron:
—“No sabemos de dónde era”.
Díjeles también Yo:
—“Tampoco Yo os digo con qué potestad hago esas cosas”.

TEMA 123 SOLO TEXTO

TEMA 123   Los dos hijos enviados a la viña. (Mt 21,28-32)
[Esta formidable parábola se la debemos a san Mateo. ¡Qué actualidad ha tenido siempre! El cielo está lleno de pecadoras y pecadores arrepentidos. Está vacío de personas, ilustres a los ojos del mundo, que son mequetrefes a los ojos de Dios. Leemos]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Y les dije:
—“¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Y acercándose al primero, dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él respondiendo, dijo: “No quiero”; mas luego arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le habló de la misma manera. Mas él, respondiendo, dijo: “Voy señor”; y no fue. ¿Quién de los dos hizo la voluntad de su padre?”
Dicen:
—“El primero”.
Contesté:
—“En verdad os digo que los publicanos y mujeres de mala vida se os adelantan en el Reino de los cielos. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; al paso que los publicanos y mujeres de mala vida le creyeron; y vosotros, viéndolo tampoco os arrepentisteis después, de modo que le creyeseis”.

TEMA 124 SOLO TEXTO

TEMA 124   Parábola de la viña. (Mt 21,33-46; Mc 12,1-12; Lc 20,9-19)
[Esta parábola es estremecedora por la exactitud con que se presenta, con anticipación, en qué acabará el Hijo del Dueño de la viña. Bien entendieron los oyentes quién era la viña, quienes eran los labradores, quién era el Hijo, y finalmente quién era el Padre. Comprendieron, tan bien como nosotros, que la viña era Israel, que los labradores eran los sacerdotes del Templo, escribas y fariseos, que el Hijo era el mismo que les estaba hablando, el Mesías, Jesús, el Hijo de Dios, y, por último, con meridiana clarividencia, estos “insignes hombrecillos”, descubrieron, palmariamente, que el Padre de este Hombre era, precisamente, el Dios de los judíos. Leamos pausadamente]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Y comencé a decir al pueblo esta parábola:
—“Escuchad otra parábola. Un hombre había, amo de casa, que plantó una viña, y la cercó con un vallado, y cavó en ella un lagar y edificó una torre y la arrendó a unos labradores y se ausentó de aquel país para mucho tiempo. Cuando se acercó el tiempo de los frutos envió a los labradores un siervo, para que le diesen del fruto de la viña. Mas los labradores le cogieron y, después de maltratarle a golpes, le despidieron con las manos vacías. Y tornó a enviar otro siervo; más ellos también a éste, después de maltratarle a golpes, descalabrarlo y ultrajarlo, le despidieron con las manos vacías.
Y tornó a enviar otro tercero; mas ellos también a éste, después de herirle, le echaron y le mataron. De nuevo envió otros siervos, más numerosos que los anteriores. Y asiendo los labradores a sus siervos, a cuál golpearon, a cuál mataron, a cuál apedrearon. Todavía uno tenía el amo de la viña: su hijo querido; envióle el último a ellos, diciendo:
“¿Qué voy a hacer? Enviaré a mi hijo querido, tal vez a este respetarán”.
 Mas aquellos labradores, en viendo al hijo, se dijeron entre sí y razonaban unos con otros diciendo:
“Este es el heredero; venid matémosle, para que venga a nuestras manos la herencia”.
Y asiendo de él echándole fuera de la viña, le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña ¿qué hará con aquellos labradores?”
Dijéronme algunos:
—“A los malos los hará perecer malamente, y arrendará la viña a otros labradores, que le pagarán los frutos a su tiempo”.
Otros, oído esto dijeron:
—“¡No quiera Dios!”
Mas Yo, mirándolos fijamente, dije:
—“¿Qué significa, pues, esto que está en las Escrituras?:
“La piedra que reprobaron los constructores, esta vino a ser la piedra angular. Por obra del Señor se hizo esto, ¿y es maravillosa a vuestros ojos?”
Por esto os digo os será quitado el Reino de Dios y se dará a gente que produzca sus frutos. Y todo el que cayere sobre esta piedra, se hará trizas; y sobre quien cayere le triturará”.
Y cuando oyeron los sumos sacerdotes y los escribas y los fariseos éstas mis palabras, comprendieron que las decía por ellos. Y buscaban manera de apoderarse de mí en aquella misma hora, pero temieron al pueblo que me tenía por Profeta. Y dejándome se fueron.
COMENTARIO
También este es otro apartado en el que los sinópticos casi emplean las mismas palabras. Jesús les hablaba como si tuviera delante de sí la película de su inmediato futuro. Tiene un sobrenatural conocimiento de los hechos antes de que estos se produzcan. Evidentemente, por lo que hasta ahora llevamos leído, este Hombre no es de este mundo. Demuestra tener unas facultades sobrenaturales que se salen de la lógica y el ejercicio del existir terreno tal y como lo llevamos a cabo los seres humanos.
Las extraordinarias cualidades, como jamás se han dado en otro hombre, que se nos han evidenciado en este Jesús de Nazaret, que hasta aquí hemos conocido, han sido más que suficientes para despertar en el alma, de quien está leyendo, el deseo de, por lo menos, querer querer a este singular Judío que nos ha cautivado el corazón. Pero si solo nos quedamos aquí, no hemos cruzado la frontera de los sentimientos, todavía no conocemos al Hijo de Dios. Pero esto no es un inconveniente, al contrario, hemos recorrido una buena parte del camino.
Si ahora, en este estado de afecto al Protagonista de este Bello Libro, descubrimos, además, el poder sobrehumano con el que este Hombre ha suspendido las Leyes de la Naturaleza, entonces la razón te obliga a dar otro paso, el de adoración a este atractivo Ser Humano, como nosotros menos en el pecado, que me ha demostrado, ostensiblemente, su Naturaleza Divina y además me lo ha dicho de su propia boca: “El Padre y Yo somos una misma cosa” (Jn 10,30).
Asumir lo que expresa el párrafo anterior, supone creer que yo, que ahora escribo sobre este Hombre, estaba en su pensamiento hace 2.000 años, supone comprender que Cristo me amó ya antes de que este ingeniero viniera a ser en este mundo. Si esto cala en el yo que me define, entenderé que me muevo y existo en este Jesús, que es mi Único Dios, el Ser Fontal de Quien he recibido la existencia para siempre, el Autor de mi vida, de esta vida mía, cuyo último destino es, precisamente, Él mismo.
Para terminar, me quedo con la frase que solo expone san Lucas: “Mas Él, mirándolos fijamente, dijo…”

TEMA 125 SOLO TEXTO

TEMA 125   Parábola de las Bodas Reales. (Mt 22,1-14)
 [La Misericordia divina ha llenado el cielo de aquellos que, precisamente, no lo esperaban. Afortunadamente, el hombre, en trance de su salida de este mundo, no será juzgado por el hombre, sino por Dios, al que, en última instancia, reconocerá como al Padre que le creó y le amó antes de que viniera a ser el Universo. Dios nos juzgará como Padre, y esto llena de Paz y descanso en la Esperanza. Leamos esta parábola que solo san Mateo da razón de ella]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Tomé de nuevo la palabra y les hablé en parábolas diciendo:
—“Se ha asemejado el Reino de los cielos a un rey que dispuso unas bodas para su hijo. Y despachó sus esclavos para llamar a los que habían sido convidados a las bodas. Y no quisieron venir. De nuevo despachó otros esclavos diciendo:
“Decid a los convidados: he aquí que tengo preparado mi convite; mis toros y animales cebados han sido sacrificados, y todo está a punto; venid a las bodas”.
Mas ellos, no haciendo caso, se marcharon, quien, a su granja, quien a su comercio; los demás, echando mano de sus esclavos, los ultrajaron y los mataron. El rey se encolerizó, y enviando sus ejércitos, hizo perecer a aquellos homicidas e incendió su ciudad. Entonces dice a sus esclavos:
“Las bodas están a punto, pero los convidados no eran dignos; id, pues, a las encrucijadas de los caminos, y a cuantos hallareis, llamadlos a las bodas”.
Y habiendo salido aquellos esclavos a los caminos, reunieron a cuantos hallaron, malos y buenos; y se llenó de comensales la sala de bodas. Y entrando el rey a ver a los que estaban a la mesa, vio allí un hombre no vestido con traje de boda, y le dice:
“Compañero, ¿cómo entraste acá, no teniendo traje de boda?”
 Él no desplegó los labios. Entonces el rey dijo a los sirvientes:
“Atadle de pies y manos y arrojadle a las tinieblas de allá afuera; allí será el llanto y el rechinar de los dientes”.
Porque muchos son los llamados, mas pocos los elegidos”.

TEMA 126 SOLO TEXTO

TEMA 126   “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. (Mt 22,15-22; Mc 12,13-17; Lc 20,20-26)
[Hechos, como el que ahora vamos a leer, descritos con tan semejantes palabras de san Mateo, san Marcos y san Lucas, son lo que justifican que a estos evangelistas se le denomine: “Sinópticos”. El desparpajo intelectual con el Cristo maravilla a sus adversarios nos maravilla también a nosotros, los hombres y mujeres del siglo XXI. Leemos]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Los fariseos que se retiraron, tomaron consejo cómo me armarían lazos para cogerme en palabras, a fin de poderme entregar al poder y jurisdicción del gobernador. Y habiendo estado en acecho, enviaron unos espías, discípulos suyos, que representasen el papel de hombres justos. Y junto con los herodianos, se presentaron a mí y me interrogaron, diciendo:
—“Maestro, sabemos que eres veraz y que hablas con rectitud y enseñas el camino de Dios en verdad y no tienes respetos humanos, porque no eres aceptador de personas; dinos, pues, ¿qué te parece? ¿Nos es lícito dar tributo al César o no? ¿Lo damos o no lo damos?”
Conociendo su bellaquería les dije:
—“¿Por qué me tentáis, farsantes? Traedme y mostradme la moneda del tributo”.
Ellos me presentaron un denario. Y les dije:
—“¿De quién es esa imagen e inscripción?”
Dícenme:
—“Del César”.
Les dije entonces:
—“Así, pues, restituid al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
Y no lograron cogerme en palabra delante del pueblo, y, maravillados de mi respuesta, se callaron y, dejándome, se fueron.

TEMA 127 SOLO TEXTO

TEMA 127   Cuestión sobre la resurrección. (Mt 22,23-33; Mc 12,18-27; Lc 20,27-40)
[Los tres escribirán lo mismo: que Jesús dijo a los saduceos: “Dios, es Dios de vivos y no de muertos”. Leemos]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
En aquel mismo día se me acercaron unos saduceos, que dicen no haber resurrección, y me interrogaron diciendo:
—“Maestro, Moisés nos dejó escrito que:
“Si el hermano de uno muriere y dejare mujer sin dejar hijo, tome su hermano la mujer y suscite prole a su hermano”.
Había, pues, entre nosotros siete hermanos; y el primero, habiendo tomado mujer, murió sin hijos; y dejó su mujer a su hermano. Asimismo, el segundo la tomó, y murió sin dejar descendencia. También el tercero la tomó y asimismo también hasta el séptimo; y los siete no dejando hijos murieron. Posteriormente a todos también la mujer murió. La mujer, pues, en la resurrección, ¿de cuál de ellos viene a ser mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer”.
Les dije:
—“Errados andáis por no conocer las Escrituras ni el poder de Dios. Los hijos de este siglo toman mujer y toman marido; mas los que fueren hallados dignos de tener parte en aquel siglo y en la resurrección de entre los muertos, ni toman mujer ni toman marido; pues ni morir ya pueden, como que son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección. Y en cuanto a que resucitan los muertos, también Moisés lo indicó en el pasaje de “la zarza”, en que llama “al Señor el Dios de Abrahán, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob”; y no es Dios de muertos, sino de vivos, pues todos viven para Él. Muy errados andáis”.
Y oyendo esto las turbas, se pasmaban de mi enseñanza. Y respondiendo algunos de los escribas, dijeron:
—“Maestro, dijiste muy bien”.
Y fue así que ya no se atrevían más a preguntarme nada.
COMENTARIO
Los muertos resucitan, los muertos resucitarán. El destino del hombre no acaba con esta vida, pero, además, para Dios, un hombre no deja de existir cuando expira. Vemos un cadáver cuando la muerte asume en la decrepitud la carne, que rápidamente se corrompe, pero se sabe que ya no está en ese cuerpo la persona que conocimos. ¿Dónde está? ¿Cómo está? Jesucristo habla de personas muertas ya hace muchos años y sin embargo las conoce vivas porque para Dios, que no es Dios de muertos, todos vivimos.
Jesucristo, próximo a morir le dirá a un crucificado con Él: “…hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Al otro lado, seguiremos siendo Ud. y yo. No nos verán, no nos oirán y sin embargo nosotros sí veremos y oiremos tal cual nos ven y oyen los que hemos conocido e invocado durante nuestro caminar por este mundo. Al morir saldré de este mundo como quien soy y sin nada de lo que tengo. Aquí dejo mis pertenencias, dejo mi cuerpo y todo lo que se corrompe. Allí me llevo el fruto de mi amor, de mi fe, de mis obras.
El yo que no veo, pero que en definitiva es mi propio yo, al morir, deja este mundo sin dejar de ser yo. Mi cuerpo, mi carne, aquí se queda hasta el final de los tiempos, pero esto no es el yo con el que amo, no es mi alma con la que veré, justamente al separarse de mi cadáver, cara a cara a mi Redentor, Jesucristo, el Amado mío.

TEMA 128 SOLO TEXTO

TEMA 128   El Gran Mandamiento. (Mt 22,34-40; Mc 12,28-34)
[San Mateo y san Marcos (San Pedro) son testigos de esta escena en la que, sin duda, se oye lo más importante que un judío, y también un cristiano, puede manifestar. Ambos evangelistas lo exponen con algún matiz. Por ejemplo, san Mateo nos dirá que el que pregunta es un legista que quiere poner a prueba a Jesús. San Marcos, en cambio, nos presenta un escriba que, impresionado por lo bien que había razonado sobre la resurrección, quiso oír de boca de este Joven Maestro cuál era para Él el primer Mandamiento de la Ley. Concordadamente leemos]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Los fariseos, habiendo oído que había hecho tascar el freno de los saduceos, se juntaron en grupo. Y llegándose uno de ellos, escriba, que nos había oído discutir, viendo que Yo les había contestado muy bien, me preguntó con ánimo de tentarme:
—“Maestro, ¿Cuál es el gran mandamiento y primero de todos en la Ley?”
Le respondí:
—“El primero es:
“Escucha Israel; el Señor, nuestro Dios, es un solo Señor, y amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con toda tu fuerza”.
Este es el gran mandamiento y el primero. El segundo, semejante, es éste:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Mayor que éstos, otro mandamiento no le hay. De estos dos mandamientos penden la Ley entera y los Profetas”.
Y dijo el escriba:
—“Muy bien, Maestro, con verdad dijiste que “Uno es, y no hay otro fuera de Él”, y el “amarle con todo el corazón y con toda la inteligencia y con toda la fuerza” y el “amar al prójimo como a sí mismo”, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.
Viendo que había respondido sensatamente, le dije:
—“No andas lejos del Reino de Dios”.
Y nadie ya osaba interrogarme.
COMENTARIO
Estas palabras las pronuncia el Único Hijo, del Único Dios Padre, Jesucristo. Ni los israelitas de aquel tiempo ni los hombres que somos en este tiempo hemos visto a Dios. Sabemos que existe y con esta Fe también conocemos que este Dios demanda al hombre un amor supremo por encima de todo otro amor posible. Dios es mi único Dios, pero lo concibo en mi razón como tres Personas con una sola naturaleza divina. Del solo Padre, del solo Hijo y del solo Espíritu Santo, de tres Personas, que no confundo, recibo en lo más reservado e íntimo de mi alma un requerimiento que me suena así:
“Hijo mío, amado mío, soy tu Señor y tu Dios y me has de amar con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con toda tu fuerza”.
Esta es la suprema y divina demanda con la que estoy comprometido porque me va en ello la vida eterna, porque me va en ello el verdadero amor que solo es posible acreditarlo cuando uno quiere al prójimo como así mismo, porque no se puede amar al Dios que no vemos si no amamos al hermano que vemos. No se puede amar a nadie si no lo conoce previamente. Nadie puede amar a Dios si no lo conoce, y desde luego el hombre por sí mismo no puede conocer, en su plenitud, al Dios que tanto le pide.
Si lo que he leído hasta ahora lo asumo tal y como la lógica me lo ha hecho interpretar, tengo ante mis ojos al mismo Dios Hijo que me ha hecho conocer al mismo Dios Padre en virtud de la plenitud, con la que ha llenado mi ciencia y mi conciencia, la plenitud del Espíritu Santo Dios que procede del Padre y del Hijo, este gran Desconocido que habita en mi alma y al cual trato de amarlo por Sí mismo.