SELLO
Nº 2
“El cielo y la tierra pasarán,
pero mis palabras no pasarán”
(Mt. 24,35; Mc. 13,31; Lc. 21,33)
AÑO PRIMERO DE VIDA PÚBLICA
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Juan Bautista en el Jordán. Bautismo.(Lc 3,1-22; Mt 3,1-17; Mc 1,1-11) |
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[Se ha
cumplido el tiempo. El Señor inicia su vida pública.]
SOLO
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
En el año decimoquinto del Imperio de Tiberio
César, siendo Poncio Pilato procurador de la Judea, y Herodes tetrarca de la
Galilea, y Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de la Traconítide, y
Lisanias tetrarca de la Abilina, al tiempo del sumo sacerdote Anás y Caifás,
vino la palabra de mi Padre Dios sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el
desierto de Judea. Y recorrió toda la comarca del Jordán predicando un bautismo
de penitencia para remisión de los pecados, diciendo:
—“Arrepentíos, pues está cerca el Reino de
los Cielos”.
Como está escrito en el profeta Isaías:
“Voz
de uno que clama en el desierto: aparejad el camino del Señor, enderezad sus
sendas; todo barranco se rellenará y todo monte y collado se rebajará; y lo
tortuoso se hará recto, y lo áspero caminos llanos; y verá toda carne la Salud
de Dios”.
Y como profetizó Malaquías:
“Mira,
envío mi mensajero delante de tu faz, el cual aparejará tu camino”.
Y salía a él toda la región de la Judea y los
jerosolimitanos todos, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando
sus pecados. Y andaba Juan vestido de pelos de camello con una faja de cuero en
torno de sus hombros; y su mantenimiento era langosta y miel silvestre. Y
viendo a muchos de los fariseos y saduceos que venían a su bautismo, les decía:
—“Engendros de víboras, ¿quién os mostró el
modo de huir de la ira inminente? Haced, pues, fruto digno de la penitencia. Y
no se os ocurra decir dentro de vosotros: “Tenemos
por padre a Abrahán”. Porque os digo que poderoso es Dios para hacer surgir
de estas piedras hijos a Abrahán. Y ya, demás, el hacha está puesta a la raíz
de los árboles. Todo árbol, pues, que no lleve fruto bueno será cortado y
echado al fuego”.
Preguntaban a Juan las turbas:
—“¿Qué haremos pues?”
Y él les decía:
—“El que tenga dos túnicas, dé una al que no
tiene; y el que tenga provisiones, haga lo mismo”.
Vinieron también unos publicanos a ser
bautizados y le dijeron:
—“Maestro, ¿qué hemos de hacer?”
Y él les decía:
—“No exijáis nada sobre la tasa que os ha
sido fijada”.
Le preguntaron también algunos agentes
armados:
—“¿Qué hemos de hacer también nosotros?”
Y él les dijo:
—“A nadie hagáis extorsión, ni denunciéis
injustamente, y contentaos con vuestro sueldo”.
El pueblo en expectación discurría en su
corazón acerca de Juan, si por ventura no sería el Mesías, pero Juan respondió
a todos:
—“Yo os bautizo en agua para penitencia: mas
el que viene tras de mí es más fuerte que yo, ante quien no soy digno de
desatar agachado la correa de su calzado. Él os bautizará en Espíritu Santo y
fuego. En su mano tiene su bieldo para limpiar su era y allegar el trigo en su
granero; mas la paja la quemará con fuego inextinguible”.
Y así, con estas y con otras muchas
exhortaciones anunciaba al pueblo la Buena Nueva. Y aconteció, al tiempo que
todo el pueblo era bautizado, que vine desde Nazaret de Galilea al Jordán y me
presenté a Juan para ser bautizado por él. Mas Juan me atajó diciendo:
—“Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti,
¿y Tú vienes a mí?”
Mas Yo le dije:
—“Déjame hacer ahora,
pues así nos cumple realizar plenamente toda justicia”.
Juan me bautizó, y al salir del agua, estando
en oración, rasgáronse los cielos y el Espíritu Santo en forma de paloma
descendió sobre mí y se oyó la voz de mi Padre que dijo:
“Este es mi Hijo
amado, en quien me agradé”.
COMENTARIO
DEL INGENIERO
Dios no ha creado rostro de mujer capaz de
tener los ojos más bellos que los de esta Madre, que contempla a su Hijo con
una mirada de infinita ternura. La noticia de que Juan bautizaba en el Jordán
ha llegado a Nazaret. Jesús Hombre, siente un vuelco en su Corazón sagrado. Ha
llegado su hora. Madre e Hijo solo cruzan sus miradas y saben que el cielo
demanda cumplir la Voluntad del Padre. En un abrazo profundo se juntan las
caras del Hijo y la Madre. No articulan palabra, pero cada cual sabe lo que
tiene que hacer.
María, ya es viuda de José. Jesús, abandona a
su Madre, que queda sola en Nazaret a la espera de próximos acontecimientos. La
familia más cercana no comprenderá la divina causa que impele al Hijo de Dios a
llevar a cabo la redención del género humano. ¿Por qué este prestigioso
carpintero, que todo lo ha hecho bien, abandona su pueblo?, se dirán sus
vecinos e incluso sus familiares más directos.
Veremos más adelante que el Evangelio nos
habla de una mujer llamada María de Cleofás. Probablemente esta mujer era
cuñada de la Virgen María, viuda de un hermano de José llamado Cleofás. Quizá,
a partir de esta marcha de Jesús, ambas mujeres vivieran bajo el mismo techo.
No está fundamentado, pero puede ser.
Jesús ha cumplido ~32 años, corre el año 780
de Roma y se encamina al Jordán, allí donde Juan bautizaba. Como uno más se
puso en la fila y aguardaba su turno para ser bautizado. Juan levantó la vista
y se encontró con la mirada divina de un Joven al que no era digno de desatarle
la correa de su sandalia. Reconoció al Mesías diciéndole:
“Yo tengo
necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí?”
Cristo le ruega que cumpla su cometido y
entonces, Juan, con mano temblorosa lo bautiza. Atónito, contuvo el aliento y
sin perderlo de vista, fijó sus ojos sobre este Dios Hijo que saliendo del agua
se puso en oración. De pronto aconteció un hecho maravilloso que tanto el
Bautista como los que allí estaban contemplaron con asombro:
Rasgáronse los
cielos y el Espíritu Santo en forma de paloma descendió sobre mí y se oyó la
voz de mi Padre que dijo:
“Este es mi Hijo
amado, en quien me agradé”.
Ya no tendremos ocasión de descubrir otra
teofanía en la que se nos presenten a los sentidos la Trinidad. Jesús inicia su
vida pública. Solo durará tres años. El Hijo de María, el Nazareno, el Hijo de
Dios hecho hombre se presenta con credenciales divinas. Es la segunda Persona
de la Trinidad. Ahora, a nosotros, con suprema atención, nos toca activar
nuestra Fe, nuestra Esperanza y nuestro Amor para leer este Evangelio
Concordado, esta Autobiografía de Jesucristo con el corazón de un niño y la mente de un adulto.

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