El Sermón de la Montaña. (Mt 5,1-48; Mt 6,1-34; Mt 7,1-29; Lc 6,20-49) |
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SOLO
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Bajé con ellos y me detuve
en un paraje llano y allí una gran muchedumbre me esperaba para oírme y ser
curados de sus enfermedades. Me senté y rodeado de mis discípulos les enseñaba
diciendo:
“Bienaventurados
los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados
los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados
los que están afligidos, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados
los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados
los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados
los que hacen obra de paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados
los perseguidos por razón de la justicia, porque de ellos es el Reino de los
cielos.
Bienaventurados
sois cuando os ultrajaren y persiguieren y dijeren todo mal contra vosotros por
mi causa; gozad y alborozaos, pues vuestra recompensa es grande en los cielos.
Que así persiguieron a los profetas que os precedieron.
Mas ¡ay de
vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestra consolación!
¡Ay de vosotros
los que estáis hartos ahora, porque tendréis duelo y lloraréis!
¡Ay de vosotros
cuando os den parabién los hombres, porque así fue como sus padres hacían con
los falsos profetas!
Vosotros sois la sal
de la tierra. Mas si la sal se volviere sosa, ¿con qué se la salará? Para nada
vale ya sino para ser tirada fuera y ser hollada de los hombres. Vosotros sois
la luz del mundo. No puede esconderse una ciudad puesta sobre la cima de un
monte. Ni encienden una lámpara y la colocan debajo del celemín, sino encima
del candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Que alumbre así
vuestra luz delante de los hombres, de suerte que vean vuestras obras buenas y
den gloria a vuestro Padre, que está en los cielos.
No penséis que
vine a destruir la Ley o los Profetas: no vine a destruir, sino a dar cumplimiento.
Porque en verdad os digo: antes pasarán el cielo y la tierra que pase una sola
letra o tilde de la Ley sin que todo se verifique. Por tanto, quien quebrantare
uno de estos mandamientos más pequeños y así enseñare a los hombres, será
considerado el más pequeño en el Reino de los cielos; mas quien obrare y
enseñare, este será considerado grande en el Reino de los cielos. Porque os
certifico que, si vuestra justicia no sobrepuja a la de los escribas y
fariseos, no esperéis entrar en el Reino de los cielos. Oísteis que se dijo a
los antiguos:
“No matarás; y quien matare, será sometido al juicio del
tribunal”.
Mas Yo os digo que
todo el que se encolerizare con su hermano, será reo delante del tribunal; y
quien dijere a su hermano “raca”[1],
será reo delante del Sanhedrín; y quien le dijere “insensato”, será reo de la gehena del fuego. Si, pues, estando tú
presentando tu ofrenda junto al altar, te acordares allí de que tu hermano
tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y vete primero a
reconciliar con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Sé
condescendiente al concertarte con tu contrincante, presto, mientras vas con él
en el camino, no sea caso que el contrincante te entregue al juez, y el juez al
alguacil, y te echen en la cárcel; en verdad te aseguro que no saldrás de allí
hasta que hayas pagado el último céntimo. Oísteis que se dijo:
“No cometerás adulterio”.
Mas Yo os digo que
todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya en su corazón cometió
adulterio con ella. Que, si tu ojo derecho te es ocasión de tropiezo, arráncalo
y échalo lejos de ti, porque más te conviene que perezca uno solo de tus
miembros, y que no sea echado todo tu cuerpo en la gehena. Y si tu mano derecha
te sirve de tropiezo, córtala y échala lejos de ti, porque más te conviene que
perezca uno solo de tus miembros, y que no se vaya todo tu cuerpo a la gehena.
Se dijo también:
“El que despidiere a su mujer, dele líbelo de repudio”.
Mas Yo os digo que
todo el que despidiere a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace
cometer adulterio; y quien se case con una repudiada, comete adulterio. Asimismo,
oísteis que se dijo a los antiguos:
“No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos”.
Mas Yo os digo que
no juréis en absoluto: ni por el cielo, pues es trono de Dios; ni por la
tierra, pues es escabel de sus pies; ni por Jerusalén, pues es ciudad del “Gran Rey”; ni jures tampoco por tu
cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Sino sea vuestro
lenguaje: “Sí” por sí, “No” por no; y lo que de esto pasa
proviene del Malvado. Oísteis que se dijo:
“Ojo por ojo y diente por diente".
Mas Yo os digo que
no hagáis frente al malvado; antes si uno te abofetea en la mejilla derecha,
vuélvele también la otra; y al que quiere ponerte pleito y quitarte la túnica,
entrégale también el manto; y si uno te forzare a caminar una milla, anda con
él dos; y a quien te pidiere, da; y a quien quisiere tomarte dinero prestado,
no le esquives. Y a quien tome lo tuyo no se lo reclames. Oísteis que se dijo:
“Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.
Mas Yo os digo a
vosotros los que me escucháis: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que
os aborrecen; bendecid a los que os maldicen y rogad por los que os persiguen y
calumnian y maltratan: para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los
cielos, porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos
e injustos. Y como queréis que hagan con vosotros los hombres, también vosotros
haced con ellos de igual manera.
Porque si amareis
a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿Acaso no hacen eso mismo también
los publicanos y pecadores? Y si saludareis a vuestros hermanos solamente, ¿qué
hacéis de más? ¿Acaso no hacen eso mismo también los gentiles? Y si hiciereis bien
a los que os hacen bien, ¿qué gracia hallareis? También los pecadores hacen eso
mismo.
Y si diereis
prestado a aquellos de quienes esperáis cobrar, ¿qué gracia hallareis? También
pecadores a pecadores dan prestado, con intención de recobrarlo al igual. Antes
bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien y dad prestado, sin esperar
retorno; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, pues Él
es bueno con los ingratos y perversos.
Sed
misericordiosos, como vuestro Padre es Misericordioso. Sed, pues, vosotros
perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. Mirad no obréis vuestra
justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos; de lo contrario no
tenéis derecho a la paga cerca de vuestro Padre, que está en los cielos. Por eso,
cuando hicieres limosna, no mandes tocar la trompeta delante de ti, como lo
hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para ser honrados de
los hombres: en verdad os digo, firman el recibo de su paga. Mas cuando tú
hagas limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu
limosna quede en secreto, y tu Padre, que mira a lo secreto, te dará la paga.
Y cuando oréis, no
seréis como los hipócritas, porque son amigos de hacer la oración puestos de
plantón en las sinagogas y en los cantones de las plazas, para exhibirse
delante de los hombres; en verdad os digo, firman el recibo de su paga. Mas tú
cuando ores, entra en tu habitación y, echada la llave a tu puerta, haz la
oración a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que mira a lo secreto,
te dará la paga. Y al orar no charléis neciamente como los gentiles, pues se
imaginan que con su mucha palabrería serán escuchados. No os hagáis, pues,
semejantes a ellos, que bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes
de que se lo pidáis. Vosotros, pues, habéis de orar así:
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea el tu
Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad, así en la tierra como en
el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras
ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden; y no nos dejes
caer en la tentación, mas líbranos del Malvado.
Porque si
perdonareis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro
Padre celestial: mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas tampoco
vuestro Padre os perdonará las vuestras.
Y cuando ayunéis,
no os pongáis ceñudos como los hipócritas, pues desfiguran sus rostros para
figurar ante los hombres como ayunadores. En verdad os digo, firman el recibo
de su paga. Mas tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu cara, para que no
parezcas a los hombres como quien ayuna, sino a tu Padre, que está en lo
escondido; y tu Padre que mira a lo escondido, te dará la paga.
No atesoréis
tesoros sobre la tierra, donde la polilla y el orín los hacen desaparecer y
donde los ladrones perforan las paredes y roban; atesoraos más bien tesoros en
el cielo, donde ni la polilla ni el orín los hacen desaparecer y donde los
ladrones no perforan las paredes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí
estará también tu corazón.
La lámpara del
cuerpo es el ojo. Si, pues, tu ojo estuviere bueno, todo tu cuerpo estará
iluminado; mas si tu ojo estuviere malo, todo tu cuerpo estará entenebrecido.
Si, pues, la luz que hay en ti es oscuridad, ¿la oscuridad cuánta será?
Nadie puede ser
esclavo de dos señores, porque bien aborrecerá al uno y tendrá amor al otro, o
bien se adherirá al primero y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al
dinero.[2]
Por esto os digo:
no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis, ni por vuestro
cuerpo, con qué os vestiréis. ¿Por ventura la vida no vale más que el alimento,
y el cuerpo más que el vestido? Poned los ojos en las aves del cielo, que ni
siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las
alimenta. ¿Acaso vosotros no valéis más que ellas? Y ¿quién de vosotros a
fuerza de afanes puede añadir un solo codo a la duración de su vida?
Y por el vestido,
¿a qué acongojaros? Considerad los lirios del campo cómo crecen: no se fatigan
ni hilan; y Yo os aseguro que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno
de ellos. Y si la hierba del campo, que hoy parece y mañana se echa al horno,
Dios así la viste, ¿por ventura no mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
No os acongojéis,
pues, diciendo: ¿qué comeremos?, o ¿qué beberemos?, o ¿con qué nos vestiremos?
Pues tras todas esas cosas andan solícitos los gentiles. Que bien sabe vuestro
Padre celestial que tenéis necesidad de todas ellas. Buscad primero el Reino de
Dios y su justicia, y esas cosas todas se os darán por añadidura. No os
preocupéis, pues, por el día de mañana; que el día de mañana se preocupará de
sí mismo: bástele a cada día su propia malicia.[3]
No juzguéis y no
seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados: pues con el juicio con
que juzgáis seréis juzgados. Absolved, y seréis absueltos; dad y se os dará:
medida buena, apretada, remecida, desbordante será la que os den en vuestro
seno; porque la medida que empleareis con los demás, esa misma recíprocamente
se empleará para con vosotros.
¿Por ventura puede
un ciego guiar a un ciego? ¿No caerán acaso entrambos en la hoya? No hay
discípulo sobre el maestro, mas una vez cumplidamente formado, cualquiera será
como su maestro. ¿Y a qué miras la brizna que está en el ojo de tu hermano, y
no adviertes la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu
hermano: “Hermano, deja que te saque la
brizna que está en tu ojo”, no viendo tú mismo la viga que está en tu ojo?
Farsante, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás claro para
sacar la brizna que está en el ojo de tu hermano.
No deis lo santo a
los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las
pateen con sus pies y revolviendo contra vosotros os hagan trizas.
Pedid, y se os
dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá: porque todo el que pide,
recibe: y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá. O ¿quién habrá
entre vosotros a quien su hijo pidiere pan…? ¿por ventura le dará una piedra?;
o también le pidiere un pescado, ¿por ventura le dará una serpiente? O si le
pide un huevo, ¿por ventura le dará un escorpión? Si, pues, vosotros con ser
malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos ¿cuánto más vuestro Padre
celestial dará bienes a los que se lo pidieren… dará el Espíritu Santo a los
que se lo pidan?
Así, pues, todo
cuanto quisiereis que hagan los hombres con vosotros hacedlo con ellos. Porque
ésta es la Ley y los Profetas.[4]
¡Entrad por la
puerta angosta! ¡Cuán ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la
perdición! ¡Y son muchos los que entran por ella! ¡Cuán angosta es la puerta y estrecha la senda
que lleva a la vida! ¡Y son tan pocos los que dan con ella!
Guardaos de los
falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas; mas por dentro
son lobos rapaces. Por sus frutos los reconoceréis. ¿Por ventura se cosechan
uvas de los espinos o higos de los abrojos? Es así que todo árbol bueno produce
frutos buenos, mas todo árbol ruin produce frutos malos. No puede el árbol
bueno producir frutos malos, ni el árbol ruin producir frutos buenos. Todo
árbol que no produce fruto bueno es cortado y arrojado al fuego. Así que por
sus frutos los conoceréis. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca
lo bueno; y el malo, del malo saca lo malo; porque de la plenitud rebosante del
corazón habla la boca.[5]
¿A qué viene
llamarme: “¡Señor, Señor!”, si no
hacéis lo que Yo digo? No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el
Reino de los cielos; mas el que hace la Voluntad de mi Padre, que está en los
cielos, este entrará en el Reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día:
“Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre, y en tu
Nombre lanzamos demonios, y en tu Nombre obramos muchos prodigios?”
Y entonces les
declararé:
“Nunca os conocí; apartaos de mí los que obráis la iniquidad”.
Así, pues, todo el
que viene a mí y escucha mis palabras y las pone por obras, os voy a mostrar a
quién es semejante. Es semejante a un hombre que edifica una casa el cual cavó
y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y bajó la lluvia, y vinieron los
ríos, y soplaron los vientos y se echaron sobre aquella casa estrellándose en
ella, y no pudieron conmoverla por estar tan bien edificada y cimentada sobre
roca. Pero, todo el que escucha éstas mis palabras y no las pone por obra, se
asemejará a un hombre necio que edificó su casa sobre arena o tierra sin fundamento:
y bajó la lluvia, y vinieron los ríos, y soplaron los vientos,[6]
y rompieron contra aquella casa, y al instante se desplomó y fue grande el
derrumbamiento de aquella casa".
Terminados estos
razonamientos, la muchedumbre se maravillaba de mi enseñanza, porque mis
palabras eran dichas como quien tiene autoridad y no como sus escribas.
COMENTARIO
DEL INGENIERO
Como se puede apreciar,
solo san Mateo y san Lucas dejan escrito, para siempre, la doctrina de Cristo
expuesta con sencillez divina. Este es el programa que encierra el verdadero
saber que lleva a la vida eterna. Dios expone con palabra humana y entendible
lo que estaba escondido desde la creación del mundo. Jesús, como Dios y como
Hombre, asegura: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.
Así es, estas palabras, que ahora vamos a leer, han quedado esculpidas, para
siempre, en la misma esencia del ser que define a cada hombre o mujer que pasa
por este mundo. Todo aquel que hace suya esta nueva filosofía de vida se hace
uno con su Redentor, con el Hijo de Dios que, como más adelante comprobaremos,
dará la vida, como supremo tributo de amor y obediencia, por todos y cada uno
de los hombres y mujeres de ayer, de hoy y de mañana. Así hablaba Jesús, así lo
dejaron escrito, hace ~2.000 años, san Mateo y san Lucas, así lo hemos leído
ahora maravillados de esta doctrina. ¿Qué se puede añadir a la palabra
permanente de Dios? Estas páginas solo tienen una lectura. Hay que
interpretarlas tal y como las interpreta el Magisterio de la Iglesia, en este
caso, tal y como, literalmente, se leen. Toda equilibrada mente humana las
entiende con independencia del bagaje cultural que le asista en este querer
hacerlas norma de la nueva vida que generan. Más adelante Jesús dirá:
“El
Espíritu es el que vivifica; la carne de nada aprovecha. Las palabras que Yo os
he hablado son Espíritu y son vida”. (Jn. 6,64)
Cualquier inteligencia
comprende lo que se ha escrito. Otra cosa es la disposición del que ha tenido
la oportunidad de leerlo. Obrar en consecuencia de lo que dicen estas palabras,
lleva a una nueva vida, en clave de espíritu y verdad. La felicidad eterna al alcance
de la mano.
[1] Palabra hebrea que expresa profundo
desprecio por el semejante.
[2] ¿Se entiende bien?
[3]
El cumplimiento
del deber de cada día, el abandono en las manos del Padre que me ha creado, de
un Padre bueno que vela por mí. Este sí que es camino de santidad, ejerciendo
el ordinario vivir de nuestra vida en Paz
[4]
Esta es la
llave que abre el Paraíso. Tengo que querer para todos lo que quiero para mí.
Yo vendré a ser amado según la medida de mi amor por los demás. Necesito
comunicarme, no puedo ejercer la vida y el amor en soledad.
[5] A poco que escuches a tu prójimo conocerás con quien tratas.
¡Qué poco tiempo se necesita para conocer al hombre!
[6] A todos y cada uno, en el transcurso de la vida, nos llegan
tiempos de imprevisibles consecuencias. Llegan para los que creen y para los
que no creen. El que cree se consolará con la Esperanza, el que no cree no hay
Esperanza que le consuele. Con Fe, pase lo que pase, el último destino se
consuma en la otra vida. Sin Fe no hay más destino que esta vida, la que se
acaba en unos pocos años.

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