[Este relato no es parabólico. Si pudiera
desandar el tiempo y estuviera sentado junto a Jesús, vería lo que Él vio: una
mujer indigente, pobre de solemnidad. ¿Cómo supieron que era viuda? La inmensa
suerte de esta mujer fue que Dios Hombre se fijó en ella. La suprema
generosidad de esta viuda maravilló el Corazón humano del Autor de la vida, de
este Dios que conocía su viudez y su suprema indigencia sin que nadie le
informase. La viuda era pobre, pero, además, el Evangelio dice que era
indigente, es decir, que supuestamente vivía de la caridad ajena.]
TEXTO
CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Me senté frente al
gazofilacio y miraba atentamente cómo la gente iba echando monedas de cobre en
el gazofilacio; y muchos ricos echaban mucho; y llegando una viuda pobre, echó
dos ochavos, que hacen un cuarto. Y llamando a mis discípulos, les dije:
—“En
verdad os digo que esa viuda pobre echó más que todos los que echan en el gazofilacio;
porque todos los demás echaron en las ofrendas de Dios de lo que les sobraba;
ella, empero, de su indigencia echó cuanto tenía, todo el sustento de su vida”.

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