[La Concordancia, toma de nuevo a san Juan,
que nos manifiesta aquí, el fin del ministerio público de Jesús. El Maestro ha
acabado su tarea de enseñar públicamente. A partir de ahora no le veremos
predicando a la gente. En adelante, la lectura de las páginas que siguen, serán
de las palabras de Cristo dichas solo a sus discípulos. Leemos]:
TEXTO
CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Obré grandes maravillas en presencia de ellos
y sin embargo no creyeron en mí, para que se cumpliera la palabra del profeta
Isaías, cuando dijo:
“Señor, ¿quién dio fe a nuestro mensaje? ¿Y a
quién ha sido revelado el brazo del Señor?”
Por esto eran incapaces de creer, porque
también dijo Isaías:
“Cegó sus ojos y enmudeció su corazón, para
que no vean con los ojos, ni entiendan con el corazón, y se vuelvan a mí y Yo
los sane”.
Esto dijo Isaías cuando vio mi gloria y habló
de mí. Con todo, aun de los jefes muchos creyeron en mí, mas por miedo a los
fariseos no se declaraban, para no ser expulsados de las sinagogas, porque
amaron la gloria de los hombres más que la gloria de Dios. Y levantando la voz
dije:
—“¡Quien
cree en mí, no cree en mí, sino en Aquel que me envió! ¡Y quien me ve, ve al
que me envió! Yo vine como Luz al mundo, para que todo el que cree en mí no
quede en las tinieblas. Y quien oyere mis palabras y no las guardare, Yo no le
juzgo, porque no vine para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. Quien me
desecha y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzga. La palabra que
hablé, esa le juzgará en el último día. Que Yo no hablé por mi iniciativa, sino
el Padre, que me envió. Él me dio la orden de qué había de decir y qué había de
hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Lo que Yo hablo, pues, así lo
hablo, conforme me lo ha encargado el Padre”.
COMENTARIO
Ver a Cristo es ver a su Padre que lo ha
enviado. Cuando más adelante, leamos que Felipe, uno de sus discípulos, en la
última Cena le dice: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”,
captaremos, también, que Jesucristo le afirmará que quien le ve a Él ha visto
al Padre. Le reclamará esa Fe, en virtud de la cual, debería haber comprendido
que el Padre está en el Hijo y el Hijo en el Padre. En cualquier caso, debería
haber creído tal afirmación por la evidencia incuestionable con la que pudo
contemplar las obras maravillosas que su Señor había hecho.
El Verbo hecho carne, este Cristo que nos
habla, habla según el mandato de su Padre. El Padre no tiene otra palabra que
esta palabra que oímos en boca de Cristo, porque a su vez el mismo Cristo es
la misma Palabra con la que Dios Padre se expresa eternamente. Este
mandato del Padre, que hace hablar a su Hijo, un Hijo que no es ni más ni menos
que su propia Palabra hecha carne en este mundo, es un mandato que lleva en sí
engendrado la vida eterna a la que está destinado todo aquel que cree en esa
palabra que expresa la Palabra de Dios, el Hijo eterno del Padre, el Hijo de
María, una Bendita Mujer de nuestra raza.
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