TEMA 133 SOLO TEXTO

TEMA 133   APOCALÍPSIS SINÓPTICA. Señales precursoras. Destrucción del Templo. Ruina de Jerusalén. Segunda venida. (Mt 24,1-41; Mc 13,1-32; Lc 21,5-33)
[Solo los Sinópticos nos dejarán este discurso escatológico de Jesús, ya a las puertas de su Pasión. La evidencia interpretativa de estas palabras hace innecesario cualquier comentario. El que lea va a entender sin necesidad de ayuda. Todo está clarito.]
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Terminado el día, cuando salíamos del Templo, como algunos hablando de él, dijesen que estaba adornado con hermosas piedras y con ofrendas motivas, díjome uno de mis discípulos:
—“Maestro, mira qué tales piedras y qué tales construcciones”.
Le respondí diciendo:
—“¿Ves esas grandes construcciones? En verdad os digo, días vendrán en que no quedará ahí piedra sobre piedra que no sea demolida”.
Llegando al monte de los Olivos, me senté frente al Templo y en particular Pedro, Santiago, Juan y Andrés me preguntaron:
—“Maestro, dinos ¿cuándo será eso, y cuál la señal cuando todas esas cosas estén para cumplirse? ¿Y cuál la señal de tu advenimiento y del fin del mundo?”
Respondiéndoles, comencé a decirles:
—“Mirad que nadie os seduzca y extravíe. Porque muchos vendrán en mi Nombre, diciendo: “Yo soy el Mesías”; “El tiempo ha llegado”, y a muchos seducirán. No vayáis tras ellos. Y cuando oyereis guerras y noticias de batallas y revoluciones, no os alarméis, porque así tienen que suceder estas cosas; mas no es todavía el fin. Se levantará raza contra raza y reino contra reino, y habrá grandes terremotos por diferentes lugares, y hambres y pestilencias, y fenómenos espantables aparecerán con grandes señales en el cielo.
Preludio de los grandes dolores serán estas cosas. ¡Ojo con vosotros mismos! Mas antes de todo esto echarán las manos sobre vosotros y os perseguirán y os entregarán a los sanhedrines, sinagogas y prisiones y os azotarán, y compareceréis ante los gobernadores y reyes por causa de mí para dar testimonio ante ellos.
Y cuando os condujeren para entregaros, asentad, pues, en vuestros corazones que no os preocupéis ni ensayéis de antemano qué habréis de hablar; sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad: pues Yo os daré lengua y sabiduría, a la cual no podrán resistir o contradecir todos vuestros adversarios. Que no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.
Seréis entregados por los padres y hermanos y parientes y amigos y matarán a algunos de entre vosotros y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Pero no perecerá un solo cabello de vuestra cabeza. Y entonces se escandalizarán muchos, y unos a otros se entregarán, y se aborrecerán unos a otros. Y entregará a la muerte el hermano al hermano y el padre al hijo, y se alzarán hijos contra padres y les darán la muerte.
Y surgirán muchos falsos profetas y extraviarán a muchos. Y por haberse multiplicado la iniquidad, se enfriará la caridad de las multitudes. Mas el que fuere constante hasta el fin, este se salvará. Con vuestra constancia adquiriréis la salud de vuestras almas. Y será predicado este Evangelio del Reino en todo el orbe, para que sirva de testimonio a todas las gentes. Y entonces vendrá el fin.
Y cuando viereis cercada de ejércitos a Jerusalén, entonces conoced que es llegado su asolamiento. Y cuando viereis la abominación del asolamiento, anunciada por el profeta Daniel, en el lugar santo, estar donde no debía -el que lee entienda- entonces los que estén en la Judea huyan a los montes, y los que estén en medio de Jerusalén aléjense de ella, los que estén en la azotea, no bajen ni entren para tomar algo de sus casas, y el que esté en el campo, no torne atrás para tomar su manto. Porque días de venganza son éstos, para que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Ay de las mujeres que estén encintas y de las que críen en aquellos días de tal tribulación cual no la ha habido semejante desde el principio de la creación, que Dios creó, hasta ahora, ni la habrá! Porque vendrá gran necesidad sobre el país y cólera contra este pueblo; y caerán al filo de la espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones. Y si no acortara el Señor esos días, no se salvaría hombre viviente; mas en atención a los elegidos, que se eligió, acortó esos días el Señor. Y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles.
Entonces si alguno os dijere: “Mira, aquí está el Mesías”, o “Allí está”, no lo creáis, porque se levantarán falsos Mesías y falsos profetas y obrarán y exhibirán grandes señales y portentos, hasta el punto de ser seducidos, si posible fuera, aun los elegidos. Vosotros estad alerta: mirad que de antemano os lo he dicho todo. Si os dijesen, pues: “Mirad, está en el desierto”, no salgáis; “Mirad está en las recámaras”, no lo creáis. Pues como el relámpago parte del oriente y brilla hasta el occidente, así será el advenimiento del Hijo del hombre.
Donde quiera esté el cadáver, allá se juntarán las águilas. Y luego, después de la tribulación de aquellos días, habrá señales en el sol, y la luna y las estrellas caerán del cielo. Y habrá angustias en las gentes, desatinadas por el mugido del mar y del oleaje, perdiendo los hombres el sentido por el terror y la ansiedad de lo que va a sobrevenir al mundo, porque el ejército de los cielos se tambaleará.
Entonces aparecerá la Señal del Hijo del hombre en el cielo, y se herirán los pechos todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con grande poderío y majestad. Y enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y congregarán sus elegidos de los cuatro vientos desde un extremo del cielo hasta el otro extremo.  Cuando estas cosas comenzaren a suceder, erguíos y alzad vuestras cabezas, pues se llega vuestra liberación”.
Y les dije esta parábola:
—“Ved la higuera y todos los árboles. Cuando ya sus ramas se ponen tiernas y las hojas brotan, conocéis que está cerca el verano. Así también, vosotros, cuando viereis realizarse estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas, el Reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todas estas cosas se hayan realizado.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Lo que toca a aquel día y hora nadie lo sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino el Padre solo. Porque como en los días de Noé, así será el advenimiento del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al Diluvio seguían comiendo y bebiendo, casándose ellos y casando a ellas, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el Diluvio y llevóselos a todos, así será también el advenimiento del Hijo del hombre. Entonces serán dos en el campo: uno es tomado y uno abandonado; dos que molerán con la muela: una es tomada y una abandonada”.
COMENTARIO
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.
Esta frase está escrita por san Mateo, san Marcos y san Lucas empleando literalmente las mismas palabras. Esta frase es como una sentencia testamentaria del que las pronuncia. Están diciendo, en clave divina, que las palabras del Jesús Hombre que oímos, se quedan fijas en la eternidad, porque habla con la autoridad de Dios. Todo va a ocurrir como Él lo ha dicho y porque Él lo ha dicho y esto no se puede dar en ningún otro ser humano, tenga el poder que tenga. Esto se da solamente en el que es el Dios de los siglos. Nada es más verdad que la palabra del que es la Palabra del Padre, Dios mismo hecho Hombre, que habla palabras divinas. Jesús vendrá otra vez al final del tiempo y lo veremos venir tal cual Él lo dice. Seguro que viene, seguro que lo veremos venir, estemos donde estemos.

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