[Volvemos, otra vez, a cogernos de mano de
san Juan. En este largo apartado, san Marcos solo aportará un versículo, en el
que manifiesta que Jesús atravesó la Galilea sin que nadie lo supiese. Leemos]:
TEXTO
CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Se aproximaba la solemnidad de los judíos, la
Escenopegia y dijeron mis hermanos:
—“Parte de aquí y dirígete a la Judea, para
que también tus discípulos vean esas obras que haces. Porque nadie hace las
obras ocultamente si quiere adquirir publicidad. Ya que estas cosas haces,
manifiéstate al mundo”.
Ni siquiera mis familiares creían en mí. Les
dije, pues:
—“Mi tiempo todavía no ha
llegado; vuestro tiempo siempre está a punto. No puede el mundo aborreceros,
pero a mí me aborrece, porque doy testimonio de que sus obras son perversas.
Vosotros subid a la fiesta; Yo no subo a esta fiesta, porque mi tiempo todavía
no se ha cumplido”.
Me quedé en Galilea, pero cuando hubieron
subido todos a la fiesta, entonces subí Yo también, aunque de incógnito y así,
pues, atravesé la Galilea sin que nadie lo supiese.
Los judíos me buscaban durante la fiesta y
decían:
—“¿Dónde está Aquel?”
Y sobre mí había mucho murmureo en las
turbas. Unos decían:
—“Es bueno”.
Mas otros decían:
—“No, sino que embauca a la multitud”.
Nadie, empero, hablaba de mí públicamente por
miedo a los judíos. Cuando ya la fiesta estaba a la mitad subí al Templo y
enseñaba. Se maravillaban los judíos diciendo:
—“¿Cómo Este sabe de letras, sin haberlas
aprendido?”
Les respondí diciendo:
—“Mi doctrina no es mía,
sino de Aquel que me envió. Quien quisiere cumplir su Voluntad, conocerá si mi
doctrina es de Dios o si Yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su
cuenta, busca su propia gloria: mas quien busca la gloria del que le envió;
Este es veraz y no hay en Él injusticia. ¿Por ventura no tenéis la Ley que os
dio Moisés? Y nadie de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué tratáis de matarme?”
Respondió la gente:
—“Endemoniado estás; ¿quién trata de
matarte?”
Les dije:
—“Una obra hice, y todos os
maravilláis. Por eso Moisés os dio la circuncisión, no que provenga de Moisés,
sino de los patriarcas, y en sábado circuncidáis a un hombre. Si la
circuncisión recibe un hombre en sábado, para que no venga a menos la Ley de
Moisés, ¿os encolerizáis conmigo porque en sábado sané a todo hombre? No
juzguéis por apariencias, sino juzgad juicio recto”.
Decían, pues, algunos de los de Jerusalén:
—“¿No es Este a quien tratan de matar? Pues
ya veis si habla con libertad, y nadie le dice nada. ¿Es que por fin habrán
conocido de veras los jefes que Este es el Mesías? Pero Este sabemos de dónde
es; mas el Mesías, cuando venga, nadie sabe de dónde es”.
Clamé, en el Templo, diciendo:
—“¡Conque me conocéis a mí
y sabéis de dónde soy…! Pues no he venido de mí mismo, sino que Otro es, real y
verdadero, quien me envió, a quien vosotros no conocéis. Yo le conozco, porque
de Él procede mi existencia y Él me envió”.
Buscaban cómo apresarme; mas nadie me echó mano,
pues todavía no había llegado mi hora. De la multitud, muchos creyeron en mí, y
decían:
—“El Mesías, cuando venga, ¿acaso obrará más
señales de las que Este obró?”
Oyeron los fariseos a la gente repetir por lo
bajo esas cosas sobre mí, y despacharon los sumos sacerdotes y los fariseos
alguaciles para prenderme. Les dije, pues:
—“Un poco de tiempo todavía
estoy con vosotros, y me voy al que me envió. Me buscaréis y no me hallaréis, y
a dónde Yo estoy vosotros no podéis venir”.
Al oír esto se dijeron los judíos unos a
otros:
—“¿Adónde se va a ir Este, que nosotros no lo
hallaremos? ¿Por ventura se va a ir a la dispersión de los gentiles para
enseñar a los gentiles? ¿Qué es esto que ha dicho: “Me buscaréis y no me
hallaréis, y donde Yo estoy, vosotros no podéis venir”?
El último día, el mayor de la fiesta, me
dirigí a la gente a voces, diciendo:
Esto dije del Espíritu que habían de recibir
los que creyeran en mí. Porque todavía no había Espíritu, por cuanto Yo no
había sido aún glorificado. Algunos, pues, de la turba oídas estas palabras,
decían:
—“Este es verdaderamente el Profeta”.
Otros decían:
—“Este es el Mesías”.
Mas algunos decían:
—“¿Pues acaso el Mesías viene de Galilea? ¿No
dijo la Escritura que: “De la descendencia de David, y de la aldea de Belén,
donde estaba David, viene el Mesías”?”
Se originó, pues, escisión en el pueblo a
causa de mí. Y alguno de entre ellos quería prenderme, mas nadie echó mano
sobre mí. Vinieron, pues, los alguaciles a los sumos sacerdotes y fariseos, los
cuales les dijeron:
—“¿Por
qué no le habéis traído?”
Respondieron los alguaciles:
—“Jamás hombre habló así, como este hombre”.
Dijeron los fariseos:
—“¿Qué? ¿También vosotros habéis sido
embaucados? ¿Por ventura, alguno creyó en Él entre los jefes o entre los
fariseos? Pero esa turba, que no conoce la Ley, son unos malditos”.
Díceles Nicodemo, el que antes había venido a
mí; que era uno de ellos:
—“¿Por ventura, nuestra Ley condena al reo si
primero no oye su declaración y viene en conocimiento de lo que hizo?”
Respondieron y le dijeron:
—“¿Acaso también tú eres de Galilea?
Investiga, y verás que, de Galilea, no surge ningún profeta”.
Y se marcharon cada uno a
su casa.
COMENTARIO
En Jerusalén hay diversidad de opiniones,
Jesús corre peligro. Él lo sabe y sin embargo compromete su integridad física
porque, en definitiva, todavía no ha llegado su hora. No obstante, en este año
3º de la vida pública del Maestro, ya estamos cerca de la próxima Pascua, en la
que los hombres daremos muerte al Autor de la vida.
Cristo manifiesta, palmariamente, que conoce
y ha sido enviado por Otro, un Ser Fontal de quien procede toda existencia. Los
que le escuchaban entendieron, como nosotros entendemos ahora, que ese Otro es
el mismo Dios en que el pueblo de Israel cree como el Único Dios verdadero.
Este es el Dios en el que nos movemos y existimos. Jesús, ya contempla el
cercano final de su pasar por este mundo. Con esta idea fija en su mente,
asegura que se vuelve a donde estaba antes, se vuelve a Quien le envió a este
mundo hace ~2.000 años.
Si quien está leyendo este Evangelio, lo hace
por primera vez, tendrá que avanzar en la lectura para comprobar que,
efectivamente, a este Hombre le dan muerte excruciante de Cruz. Si sigue
leyendo hasta el final, entonces, le quedará patente que esto no acaba mal.
Jesús resucita y con ello habrá acreditado toda su vida, sus obras y palabras.
En este hilo deductivo, la lectora o el lector oirá las últimas palabras de
Jesucristo:
“Y sabed que estoy con vosotros todos los días hasta
la consumación de los siglos”. (Mt
28,20)
Si el Mesías se ha vuelto
con su Padre, ¿cómo puede afirmar que estará en este mundo hasta que se acabe
el tiempo? Antes de que la lectura de este bello Libro se acabe, entenderá,
meridianamente que Cristo ni se confunde ni nos confunde. Son las palabras del
Hijo de Dios, asegurándome que lo tengo al alcance de mi pobre corazón. Que yo
perciba esta sublime verdad depende de Él y de mí, de mi Fe y disposición.
[1]
Quien tenga
sed de justicia, de amor, de esperanza, quien busque saciarse de la belleza, de
la bondad, de la paz y la felicidad en el amar y ser amado, sin medida ni
tiempo, venga a Cristo y encontrará la Fuente de todo bien más allá de lo
imaginable. Beber de Cristo su palabra que convertirá la nuestra en ríos de
agua viva para bienaventuranza de quien te escucha, para bienaventuranza suya y
mía.
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