TEMA 71 SOLO TEXTO

TEMA 71   Subo a Jerusalén. Intentan apoderarse de mí. (Mc 9,30; Jn 7,2-53)
[Volvemos, otra vez, a cogernos de mano de san Juan. En este largo apartado, san Marcos solo aportará un versículo, en el que manifiesta que Jesús atravesó la Galilea sin que nadie lo supiese. Leemos]:
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Se aproximaba la solemnidad de los judíos, la Escenopegia y dijeron mis hermanos:
—“Parte de aquí y dirígete a la Judea, para que también tus discípulos vean esas obras que haces. Porque nadie hace las obras ocultamente si quiere adquirir publicidad. Ya que estas cosas haces, manifiéstate al mundo”.
Ni siquiera mis familiares creían en mí. Les dije, pues:
—“Mi tiempo todavía no ha llegado; vuestro tiempo siempre está a punto. No puede el mundo aborreceros, pero a mí me aborrece, porque doy testimonio de que sus obras son perversas. Vosotros subid a la fiesta; Yo no subo a esta fiesta, porque mi tiempo todavía no se ha cumplido”.
Me quedé en Galilea, pero cuando hubieron subido todos a la fiesta, entonces subí Yo también, aunque de incógnito y así, pues, atravesé la Galilea sin que nadie lo supiese.
Los judíos me buscaban durante la fiesta y decían:
—“¿Dónde está Aquel?”
Y sobre mí había mucho murmureo en las turbas. Unos decían:
—“Es bueno”.
Mas otros decían:
—“No, sino que embauca a la multitud”.
Nadie, empero, hablaba de mí públicamente por miedo a los judíos. Cuando ya la fiesta estaba a la mitad subí al Templo y enseñaba. Se maravillaban los judíos diciendo:
—“¿Cómo Este sabe de letras, sin haberlas aprendido?”
Les respondí diciendo:
—“Mi doctrina no es mía, sino de Aquel que me envió. Quien quisiere cumplir su Voluntad, conocerá si mi doctrina es de Dios o si Yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su cuenta, busca su propia gloria: mas quien busca la gloria del que le envió; Este es veraz y no hay en Él injusticia. ¿Por ventura no tenéis la Ley que os dio Moisés? Y nadie de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué tratáis de matarme?”
Respondió la gente:
—“Endemoniado estás; ¿quién trata de matarte?”
Les dije:
—“Una obra hice, y todos os maravilláis. Por eso Moisés os dio la circuncisión, no que provenga de Moisés, sino de los patriarcas, y en sábado circuncidáis a un hombre. Si la circuncisión recibe un hombre en sábado, para que no venga a menos la Ley de Moisés, ¿os encolerizáis conmigo porque en sábado sané a todo hombre? No juzguéis por apariencias, sino juzgad juicio recto”.
Decían, pues, algunos de los de Jerusalén:
—“¿No es Este a quien tratan de matar? Pues ya veis si habla con libertad, y nadie le dice nada. ¿Es que por fin habrán conocido de veras los jefes que Este es el Mesías? Pero Este sabemos de dónde es; mas el Mesías, cuando venga, nadie sabe de dónde es”.
Clamé, en el Templo, diciendo:
—“¡Conque me conocéis a mí y sabéis de dónde soy…! Pues no he venido de mí mismo, sino que Otro es, real y verdadero, quien me envió, a quien vosotros no conocéis. Yo le conozco, porque de Él procede mi existencia y Él me envió”.
Buscaban cómo apresarme; mas nadie me echó mano, pues todavía no había llegado mi hora. De la multitud, muchos creyeron en mí, y decían:
—“El Mesías, cuando venga, ¿acaso obrará más señales de las que Este obró?”
Oyeron los fariseos a la gente repetir por lo bajo esas cosas sobre mí, y despacharon los sumos sacerdotes y los fariseos alguaciles para prenderme. Les dije, pues:
—“Un poco de tiempo todavía estoy con vosotros, y me voy al que me envió. Me buscaréis y no me hallaréis, y a dónde Yo estoy vosotros no podéis venir”.
Al oír esto se dijeron los judíos unos a otros:
—“¿Adónde se va a ir Este, que nosotros no lo hallaremos? ¿Por ventura se va a ir a la dispersión de los gentiles para enseñar a los gentiles? ¿Qué es esto que ha dicho: “Me buscaréis y no me hallaréis, y donde Yo estoy, vosotros no podéis venir”?
El último día, el mayor de la fiesta, me dirigí a la gente a voces, diciendo:
 —“¡Quien tiene sed, venga a mí y beba! ¡Quien cree en mí, como dijo la Escritura, manarán de sus entrañas ríos de agua viva!”[1]
Esto dije del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en mí. Porque todavía no había Espíritu, por cuanto Yo no había sido aún glorificado. Algunos, pues, de la turba oídas estas palabras, decían:
—“Este es verdaderamente el Profeta”.
Otros decían:
—“Este es el Mesías”.
Mas algunos decían:
—“¿Pues acaso el Mesías viene de Galilea? ¿No dijo la Escritura que: “De la descendencia de David, y de la aldea de Belén, donde estaba David, viene el Mesías”?”
Se originó, pues, escisión en el pueblo a causa de mí. Y alguno de entre ellos quería prenderme, mas nadie echó mano sobre mí. Vinieron, pues, los alguaciles a los sumos sacerdotes y fariseos, los cuales les dijeron:
 —“¿Por qué no le habéis traído?”
Respondieron los alguaciles:
—“Jamás hombre habló así, como este hombre”.
Dijeron los fariseos:
—“¿Qué? ¿También vosotros habéis sido embaucados? ¿Por ventura, alguno creyó en Él entre los jefes o entre los fariseos? Pero esa turba, que no conoce la Ley, son unos malditos”.
Díceles Nicodemo, el que antes había venido a mí; que era uno de ellos:
—“¿Por ventura, nuestra Ley condena al reo si primero no oye su declaración y viene en conocimiento de lo que hizo?”
Respondieron y le dijeron:
—“¿Acaso también tú eres de Galilea? Investiga, y verás que, de Galilea, no surge ningún profeta”.
Y se marcharon cada uno a su casa.
COMENTARIO
En Jerusalén hay diversidad de opiniones, Jesús corre peligro. Él lo sabe y sin embargo compromete su integridad física porque, en definitiva, todavía no ha llegado su hora. No obstante, en este año 3º de la vida pública del Maestro, ya estamos cerca de la próxima Pascua, en la que los hombres daremos muerte al Autor de la vida.
Cristo manifiesta, palmariamente, que conoce y ha sido enviado por Otro, un Ser Fontal de quien procede toda existencia. Los que le escuchaban entendieron, como nosotros entendemos ahora, que ese Otro es el mismo Dios en que el pueblo de Israel cree como el Único Dios verdadero. Este es el Dios en el que nos movemos y existimos. Jesús, ya contempla el cercano final de su pasar por este mundo. Con esta idea fija en su mente, asegura que se vuelve a donde estaba antes, se vuelve a Quien le envió a este mundo hace ~2.000 años.
Si quien está leyendo este Evangelio, lo hace por primera vez, tendrá que avanzar en la lectura para comprobar que, efectivamente, a este Hombre le dan muerte excruciante de Cruz. Si sigue leyendo hasta el final, entonces, le quedará patente que esto no acaba mal. Jesús resucita y con ello habrá acreditado toda su vida, sus obras y palabras. En este hilo deductivo, la lectora o el lector oirá las últimas palabras de Jesucristo:
“Y sabed que estoy con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos”. (Mt 28,20)
Si el Mesías se ha vuelto con su Padre, ¿cómo puede afirmar que estará en este mundo hasta que se acabe el tiempo? Antes de que la lectura de este bello Libro se acabe, entenderá, meridianamente que Cristo ni se confunde ni nos confunde. Son las palabras del Hijo de Dios, asegurándome que lo tengo al alcance de mi pobre corazón. Que yo perciba esta sublime verdad depende de Él y de mí, de mi Fe y disposición.




[1] Quien tenga sed de justicia, de amor, de esperanza, quien busque saciarse de la belleza, de la bondad, de la paz y la felicidad en el amar y ser amado, sin medida ni tiempo, venga a Cristo y encontrará la Fuente de todo bien más allá de lo imaginable. Beber de Cristo su palabra que convertirá la nuestra en ríos de agua viva para bienaventuranza de quien te escucha, para bienaventuranza suya y mía.

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