[Permanecemos en el Evangelio de san Juan. Le
oímos a Cristo palabras divinas entendibles al oído y la mente humana. Dios se
hace entender por el hombre. Leemos]:
TEXTO
CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
De nuevo les hablé a la gente diciendo:
—“Yo soy la Luz del mundo;
el que me sigue no tema caminar en tinieblas, sino que tendrá la luz de la
vida”.
Contestaron los fariseos:
—“Tú das testimonio de Ti mismo; tu
testimonio no es verídico”.
Les dije:
—“Aunque Yo de testimonio de mí mismo, mi
testimonio es verídico, porque sé de dónde vine y adónde voy. Vosotros juzgáis
según la carne; Yo no juzgo a nadie. Y aun cuando Yo juzgue, mi juicio es
conforme a verdad; porque no soy Yo solo, sino Yo y el Padre, que me envió. Y
en vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos personas hace fe. Yo soy
quien doy testimonio de mí mismo, y también da testimonio de mí el Padre, que
me envió”.
Dícenme, pues:
—“¿Dónde está tu Padre?”
Les respondí:
—“Ni me conocéis a mí ni
tampoco a mi Padre; que si me conocierais a mí también a mi Padre conoceríais”.
Estas palabras hablé en el gazofilacio,
mientras enseñaba en el Templo; y nadie me prendió porque todavía no había
llegado mi hora. De nuevo les dije:
—“Yo me voy, y me
buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adónde Yo voy, vosotros no podéis
venir”.
Y ellos se preguntaban:
—“¿Por ventura se quitará la vida, pues dice:
“Adónde Yo voy, vosotros no podéis venir?”
Mas Yo les dije:
—“Vosotros sois de aquí
abajo. Yo soy de allá arriba; vosotros sois de este mundo. Yo no soy de este
mundo. Os dije, pues, que moriréis en vuestros pecados; porque si no creyereis
que Yo soy, moriréis en vuestros pecados”.
Y me volvieron a preguntar:
—“¿Tú quién eres?”
—“Pues
ni más ni menos, eso mismo que os vengo diciendo. Muchas cosas tengo que hablar
y juzgar acerca de vosotros; pero el que me envió es veraz, y Yo, lo que oí de
Él, esto hablo al mundo”.[1]
No entendieron que les hablaba de mi Padre.
Les dije, pues:
—“Cuando levantareis en alto al Hijo del
hombre, entonces conoceréis que Yo soy y que de mí mismo nada hago, sino que,
según me enseñó el Padre, eso hablo. Y el que me envió está conmigo, y no me
dejó solo, porque Yo hago siempre lo que le agrada”.
Muchos creyeron en mí, y a éstos que creyeron
en mí les dije:
—“Si vosotros perseverareis
en mi enseñanza, sois verdaderamente discípulos míos, y conoceréis la verdad, y
la verdad os hará libres”.[2]
Unos fariseos tomaron la palabra diciendo:
—“Somos linaje de Abraham, y de nadie jamás
hemos sido esclavos; ¿cómo dices Tú: “seréis libres”?”.
—“En verdad, en verdad os
digo que todo el que obra el pecado, esclavo es del pecado. El esclavo no queda
en la casa para siempre; el hijo queda para siempre. Si, pues, el Hijo os diere
libertad, seréis realmente libres. Bien sé que sois linaje de Abraham; pero tratáis
de matarme, porque mi palabra no prende en vosotros. Lo que Yo vi cabe mi
Padre, eso hablo; y vosotros, por vuestra parte, lo que oísteis de vuestro
padre, eso hacéis”.
—“Nuestro padre es
Abraham”.
—“Si hijos fuerais de
Abraham, haríais las obras de Abraham; mas ahora pretendéis matarme, a mí que
os he dicho la verdad, que oí de Dios; eso Abraham no lo hizo. Vosotros hacéis
las obras de vuestro padre”.
—“¡Nosotros no hemos nacido de fornicación;
un solo Padre tenemos, Dios!”
—“Si Dios fuera vuestro
Padre, me amaríais a mí, porque Yo de Dios salí y he venido; pues no he venido
de mí mismo, sino que Él me envió. ¿Por qué no reconocéis mi habla? Porque no
estáis en disposición de oír mis palabras. Vosotros tenéis por padre al diablo,
y deseáis cumplir los deseos de vuestro padre. Él era homicida desde el
principio y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él.
Cuando habla la mentira,
habla de su cosecha, porque es mentiroso y padre de la mentira. Mas a mí, por
lo mismo que os digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me convence de
pecado? Si digo verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios
escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no sois de
Dios”.
—“¿No decimos nosotros que
eres Tú samaritano y tienes demonio?”
—“Yo no tengo demonio, sino
que honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis a mí. Yo no busco mi gloria; hay
quien la busca y juzga. En verdad os digo, si uno guardare mi palabra no verá
la muerte eternamente”.
—“Ahora sí hemos conocido que tienes demonio.
Abraham murió, y también los profetas. ¡Y Tú dices: “Si uno guardare mi
palabra, no gustará la muerte jamás”! ¿Acaso eres Tú mayor que
nuestro padre Abraham que murió? Y los profetas también murieron. ¿Quién presumes
ser?”
—“Si Yo me glorifico a mí
mismo, mi gloria es nada; mi Padre es quien me glorifica, el que vosotros decís
ser vuestro Dios; y no le habéis conocido, mas Yo le conozco. Y si dijere que
no le conozco, seré mentiroso como vosotros; pero le conozco y guardo su
palabra. Abraham, vuestro padre, se regocijó con la esperanza de ver mi día; lo
vio y se alegró”.
—“No tienes aún cincuenta años, ¿y has visto
a Abraham?”.
—“En verdad, en verdad os
digo: antes que Abraham viniese a ser, Yo soy”.
Tomaron piedras para arrojarlas sobre mí mas
me oculté y salí del Templo.
COMENTARIO
“El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por
eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios” ... No ser de Dios no supone no ser de nadie,
supone ser de Satanás. Si no se
quiere ser hijo de Dios será necesariamente, aunque no se quiera, hijo del diablo. El que no cree ya está condenado y no, necesariamente,
experimentará su condena más allá
de la muerte, no, no hay que esperar tanto. Aquí, en este vivir sin vivir gusta, porque lo quiere, de
una agonía sin esperanza, de un
ejercicio del desamor cuyo resultado es padecer y hacer padecer, no compadecerse y no aceptar la compasión. En cualquier caso, en segundos, con un “¡Dios mío, perdóname!” se gana el Corazón de un Padre que ha
esperado toda una vida frustrada.
“En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham
viniese a ser, Yo soy” ... ¿Qué
más se puede decir? Amiga lectora, amigo lector, ¿es que no se entienden estas palabras? Cristo, un Hombre como nosotros,
menos en el pecado, dice lo que está leyendo: que es antes de que Abraham viniese a ser. ¿Qué le
parece? Un Hombre que acredita sus
palabras con hechos como jamás se habían visto desde la creación del mundo, dice existir más allá del tiempo. ¿Quién es este Hombre de carne y hueso, Hijo de
una Mujer, María, Varón que salió
de las purísimas entrañas de una Virgen? ¿Qué Hombre habló, habla o hablará con autoridad divina? ¿Qué más hay que leer, ver u oír para creer? ¿Cómo es
posible que la razón humana ante
esta maravillosa luz se mantenga voluntariamente en tinieblas?
En el ejercicio de mi profesión, en la
práctica de la técnica, la lógica es el instrumento a utilizar como
consecuencia de un sentido común que todo hombre tiene desde sus primeros años
de existencia. La Fe no es producto de un sentimiento o de una enfermiza imaginación.
La Fe es un don de Dios que se merece con la buena voluntad en la reflexión de
lo que hasta ahora hemos leído. Hasta aquí, hay argumentos más que suficientes
para tener profunda conciencia, inteligencia plena, de que estamos, para
nuestra estupefacción, ante un relato de hechos humanos y divinos contados por
el mismo Dios, el Dios en el que existo y me muevo, el Creador de lo que se ve
y no se ve. Este Dios, como verá a continuación, también es un Dios Redentor y
se llama Jesucristo.
[1]
Cristo es de
un lugar que dice estar arriba, de donde ha venido, no es de este mundo.
[2]
Ser discípulo
de Cristo es conocer la única verdad, la única que hace verdaderamente libre al
hombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario