[Ahora recibimos información de san Mateo y
de san Lucas. Desde el versículo 51 hasta el 56 del Capítulo 9 de san Lucas,
tenemos un texto singular, algo que solo nos cuenta él. Léanse las primeras
líneas de este apartado y reflexione el que hasta aquí ha llegado.]
TEXTO
CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Aconteció que, cuando se
cumplieron los días de mi partida de este mundo, serio el rostro, tomé la firme
resolución de encaminarme a Jerusalén. Envié mensajeros delante de mí y puestos
en camino entramos en una aldea de samaritanos para disponer de alojamiento. No
me acogieron, pues mi aspecto era de quien iba a Jerusalén. Viéndolo mis
discípulos Santiago y Juan, dijeron:
—“Señor, ¿quieres que
digamos que baje fuego del cielo y los consuma?”
Vuelto a ellos les respondí
diciendo:
—“No sabéis de qué espíritu
sois; porque el Hijo del hombre no vino a perder las almas de los hombres sino
a salvarlas”.
Y nos marchamos a otra
aldea. Mientras íbamos de camino, llegándose un escriba, me dijo:
—“Maestro, te seguiré a
donde quieras que partas”.
Y le dije:
—“Las zorras tienen
madrigueras, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde
reclinar la cabeza”.
Le dije a otro:
—“Sígueme”.
Mas él dijo:
—“Señor permíteme que
primero vaya a enterrar a mi padre”.
Y Yo le insistí:
—“Deja los muertos enterrar
sus muertos; pero tú marcha a anunciar el Reino de Dios”.
Llegándose otro dijo:
—“Te seguiré, Señor, mas
primero permíteme ir a despedir de los de mi casa”.
Yo le dije:
—“Nadie que puso su mano en
el arado y mira hacia atrás es a propósito para el Reino de Dios”.
“Aconteció que, cuando se
cumplieron los días de mi partida de este mundo, serio el rostro, tomé la firme
resolución de encaminarme a Jerusalén”. Lc
9,51. Solo estas dos líneas de san Lucas para entender el estado anímico del
Hombre que ve de cerca su pasión y muerte infamante. Ha llegado la hora de
entregar la vida por los hombres, de cumplir el mandato de su Padre, pues para
esto, precisamente, le envió al mundo, para redimir a la humanidad esclavizada
por el pecado. Jesús, en este día determinado, se le anuda el Corazón y esto se
manifiesta en su rostro. Frunce el entrecejo y toma la determinación de
dirigirse a Jerusalén, a la ya cercana Pascua en la que derramará su Sangre,
gustando el morir en su más estremecedora manifestación.
Se encamina hacia su
destino final en este mundo y lo hace con suprema entereza de Hombre que ha
amado hasta la locura, a lo divino, como solo Él puede amar. Si san Lucas no
fue testigo de esta escena, ¿cuál de los discípulos le informó? No sabemos,
pero me atrevería a especular con que la fuente de información de san Lucas
fuera la del mismo san Juan.
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