TEMA 80 SOLO TEXTO

TEMA 80   En Samaria no me reciben. Tres vocaciones. (Mt 8,18-22; Lc 9,51-62)
[Ahora recibimos información de san Mateo y de san Lucas. Desde el versículo 51 hasta el 56 del Capítulo 9 de san Lucas, tenemos un texto singular, algo que solo nos cuenta él. Léanse las primeras líneas de este apartado y reflexione el que hasta aquí ha llegado.]
TEXTO CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Aconteció que, cuando se cumplieron los días de mi partida de este mundo, serio el rostro, tomé la firme resolución de encaminarme a Jerusalén. Envié mensajeros delante de mí y puestos en camino entramos en una aldea de samaritanos para disponer de alojamiento. No me acogieron, pues mi aspecto era de quien iba a Jerusalén. Viéndolo mis discípulos Santiago y Juan, dijeron:
—“Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?”
Vuelto a ellos les respondí diciendo:
—“No sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del hombre no vino a perder las almas de los hombres sino a salvarlas”.
Y nos marchamos a otra aldea. Mientras íbamos de camino, llegándose un escriba, me dijo:
—“Maestro, te seguiré a donde quieras que partas”.
Y le dije:
—“Las zorras tienen madrigueras, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”.
Le dije a otro:
—“Sígueme”.
Mas él dijo:
—“Señor permíteme que primero vaya a enterrar a mi padre”.
Y Yo le insistí:
—“Deja los muertos enterrar sus muertos; pero tú marcha a anunciar el Reino de Dios”.
Llegándose otro dijo:
—“Te seguiré, Señor, mas primero permíteme ir a despedir de los de mi casa”.
Yo le dije:
—“Nadie que puso su mano en el arado y mira hacia atrás es a propósito para el Reino de Dios”.
 COMENTARIO
“Aconteció que, cuando se cumplieron los días de mi partida de este mundo, serio el rostro, tomé la firme resolución de encaminarme a Jerusalén”. Lc 9,51. Solo estas dos líneas de san Lucas para entender el estado anímico del Hombre que ve de cerca su pasión y muerte infamante. Ha llegado la hora de entregar la vida por los hombres, de cumplir el mandato de su Padre, pues para esto, precisamente, le envió al mundo, para redimir a la humanidad esclavizada por el pecado. Jesús, en este día determinado, se le anuda el Corazón y esto se manifiesta en su rostro. Frunce el entrecejo y toma la determinación de dirigirse a Jerusalén, a la ya cercana Pascua en la que derramará su Sangre, gustando el morir en su más estremecedora manifestación.
Se encamina hacia su destino final en este mundo y lo hace con suprema entereza de Hombre que ha amado hasta la locura, a lo divino, como solo Él puede amar. Si san Lucas no fue testigo de esta escena, ¿cuál de los discípulos le informó? No sabemos, pero me atrevería a especular con que la fuente de información de san Lucas fuera la del mismo san Juan.

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