[El evangelista médico, el hombre culto y de
gran experiencia en el trato con los hombres, en su momento, tomó rigurosa
información de aquellos que escucharon la hermosa voz del más Bello de los
hombres, de Jesús, el Hijo de María. Nadie como san Lucas redacta las
consoladoras palabras del Hijo de Dios que nos asegura que su Padre es también
Padre nuestro, un Padre que escucha, siempre, las plegarias de sus hijas y de
sus hijos, un Padre Omnipotente que siempre concede más de lo que se pide,
justo, en el momento en el que más necesitamos lo que pedimos con Fe, con
Esperanza y con Amor. ¿Qué padre no atiende a la necesidad de sus hijos? Leemos]:
TEXTO
CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Aconteció que estando en
cierto lugar orando, cuando hube acabado, me dijo uno de mis discípulos:
—“Señor, enséñanos a orar,
lo mismo que Juan enseñó a sus discípulos”.
Les dije:
—“Cuando os pongáis a orar decid:
Padre, santificado sea tu Nombre; venga tu
Reino; el pan de nuestra subsistencia dánoslo cada día; y perdónanos nuestros
pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos
metas en tentación”.
Les dije también:
—“¿Quién habrá de vosotros que tenga un
amigo, y le viene este a medianoche y le dice:
“Amigo, préstame tres panes, porque un amigo
mío llegó de viaje a mi casa y no tengo qué presentarle”.
Y él desde dentro respondiendo, dice:
“No me
des fastidio; ya la puerta se ha cerrado, y mis muchachos, lo mismo que yo,
están en cama; no puedo levantarme para dártelos…”.
Os digo que, si no se levanta y se los da por
ser su amigo, a lo menos por su descaro se levantará y le dará cuanto necesite.
Y Yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y
hallaréis; llamad a golpes, y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y
el que busca halla, y al que llama a golpes, se le abre. Y ¿a quién de
vosotros, que sea padre, le pedirá su hijo un pan… por ventura le dará una
piedra? O también un pescado… ¿por ventura en vez de pescado le dará una
serpiente? O si le pide un huevo, ¿por ventura le dará un escorpión? Si, pues,
vosotros, malos como sois, sabéis dar buenos regalos a vuestros hijos, ¿cuánto
más vuestro Padre celestial dará desde los cielos el Espíritu Santo a los que
se lo pidieren?”.
COMENTARIO
Jesús nos sorprende. Sus discípulos le ruegan
que les enseñe a orar y el Hijo de Dios manifiesta a sus hermanos, los hombres,
que glorifiquen a su Padre Dios, a nuestro Padre Dios, con el ejercicio del
ordinario vivir. Que pidan el pan de cada día, que entre los hombres no haya
rencor sino mutuo y permanente perdón. Pedir no caer en la tentación que saldrá
a nuestro encuentro en las horas esperadas e inesperadas.
Por último, Cristo, nos aconsejará pedir al Gran
Desconocido de este mundo, al Espíritu Santo, el Dios Persona en la que nos
movemos y existimos y sin embargo no le captamos como Alguien a quien se le ama
por Sí mismo, una Persona que me conoce y me demanda el tributo del amor que le
debo, porque me pensó, me amó, desde antes de que el mundo viniera a ser, una
Persona de la que llevo algo suyo, el alma que me define como quien soy como
soy, un alma tan real como el yo mismo que no veo y que no puedo dudar de su
existencia, porque dudaría de mi propio yo, Alguien a quien no reconozco con
mis sentidos y sin embargo me es tan real como la verdad de mí mismo.
Yo no veo mi alma y sin embargo no existo sin
ella. Creo en esta Persona, aunque no la vea y lamento no amarla tanto como me
requiere y si se me permite la expresión, procuro ejercer mi más noble amor
sobre este Ser que “siente y padece”
la falta de amor de los hombres porque no le conocemos.
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