[Seguimos agradeciendo a nuestro amigo san
Lucas su formidable trabajo. Sin él, el Evangelio no estaría completo. Con suma
atención nos vamos empapando de esta Palabra de Dios que sale a nuestro
encuentro interpelando a nuestras conciencias. El Espíritu Santo ha querido que
lo que ahora vamos a leer se escribiera de la mano de un hombre culto y
metódico, un hombre singular, tocado por la Gracia para escribir este bellísimo
Evangelio.]
TEXTO
CONCORDADO Y AUTOBIOGRÁFICO
Díjome uno de la turba:
—“Maestro, di a mi hermano
que reparta conmigo la herencia”.
Le contesté:
—“Hombre, ¿quién me ha constituido
juez o partidor sobre vosotros?”
Y dije a todos:
—“Atended y guardaos de
toda codicia; porque aun cuando uno ande sobrado, no pende su vida de los
bienes que posee”.
Y les propuse una parábola diciendo:
—“Había
un hombre rico, cuyos campos rindieron abundantes frutos. Y razonaba consigo
mismo, diciendo: “¿Qué haré, pues no tengo donde recoger mis frutos?”
Y
dijo:
“Esto haré: derribaré mis graneros y los
edificaré mayores, y recogeré allí mis cosechas y mis bienes; y diré a mi alma:
alma mía, tienes muchos bienes repuestos para muchos años; huelga, come, bebe,
date a la buena vida”.
Pero
díjole Dios:
“Insensato,
esta misma noche te exigen tu alma; y lo que allegaste, ¿de quién será?”.
Así es
el que atesora para sí y no es rico para con Dios”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario